ADMETO Y ALCISTES





“Creo que el destino de mi esposa es más feliz que el mío, aunque no pueda parecerlo.” Eurípides


En esta época del año, hace mucho calor en Maracaibo y Admeto la apacigua con un café muy caliente, costumbre del llano que aprendió en su peregrinar por Venezuela. En realidad él no es maracucho, es de Barinas, pero vivió en tantos lugares que cuando se casó y se asentó aquí se sintió adoptado por la ciudad.



Desde muy chamo hizo lo que quiso, era indómito y eso fue lo que le gustó a Alcestis. Ella era una chica de la capital que al cumplir la mayoría de edad lo conoció. Cuando no existía el Internet y había un mundo exclusivo para el radio aficionado, Admeto y Alcestis se conocieron. Primero fue la voz y luego el rostro. Se veían en el metro en las mañanas, almorzaban juntos, se hablaban por teléfono hasta la madrugada, acamparon en el Ávila una semana, se amaron, se acompañaron y un día se separaron.



Admeto necesitaba aventura, reto, emoción y la capital ya no le ofrecía nada de eso. Era muy joven, quería a Alcestis, pero no tanto como para pensar en matrimonio, ni amor eterno. Así que se fue a buscar aventuras, sin dejar promesas de amor, ni esperanza.



Alcestis, se sintió morir, lloró por muchos días, hasta que la razón y la lógica se apoderaron de ella. Bloqueó sus sentimientos y estructuro su vida de manera que eso no se volviera a interponer. Su esposo nunca le perdono ese detallito, él siempre supo que tenía su cuerpo, más no su corazón. Por eso la odió hasta el día que la dejó viuda. Una viuda muy joven que había dejado de recordar.



Admeto, consiguió empleo en la petrolera del país, viajó incansablemente, aprendió un universo de cosas, conoció cada personaje, dejó un amor en cada ciudad, hasta que llegó esta chica a su vida, lo flechó, y él sintió la urgencia de quedarse en un solo lugar, a su lado cada noche por el resto de su vida. Le entregó sus esperanzas, sus proyectos, su vida. Se atrevió a pedirle matrimonio y ella ha aceptarlo.


Si no hubiera sido porque un día al regresar de su trabajo, Admeto consiguió una nota de despedida y la solicitud de divorcio, seguro que hubieran sido felices por siempre.



Ahora que existe el Internet, Admeto consiguió a Alcestis nuevamente, se leyeron, se miraron en una pantalla de computadora y como si el tiempo no hubiera pasado, esa chispa se volvió a encender. Después de veinte años ella olvidó las razones para no sentir y él para no confiar.
Él ha estado pensando últimamente en lo que ha dejado en su camino por la vida y la cosa no lo alienta mucho. La reflexión viene porque siente que necesita tiempo para amar a Alcistes su médico le dijo que necesita un transplante de riñón urgentemente, ya que los años de excesos estan pasando su factura. Habló con sus padres pero ninguno sirve de donador. Necesita una segunda oportunidad.



Alcestis tiene algunas semanas en su casa, sabe todo lo que sucede y tiene la misma sensación de premura que Admeto. Él le ha pedió matrimonio, le quiere ofrecer la vida que no le dio en su momento, siente que ella siempre fue la indicada.



Esta noche es la despedida de soltera de Alciste, como ella no tiene amigos en Maracaibo, algunos compañeros de trabajo de Admeto han tenido la atención de organizarle la reunión. Apolo y tres hermanas de apellido Moiras, se la llevaron hace unas cuantas horas a conocer la vida nocturna de la ciudad, ella no quería dejarlo solo, pero él insistió en que celebrara como dicta la costumbre, como si fuera la primera vez para los dos.



Mientras toma su café para apaciguar el insoportable calor, recibe la llamada de su médico. Le tiene excelentes noticias, lo que ha esperando por meses al fin es una realidad. Admeto esta muy nervioso, pero esperanzado al mismo tiempo, ahora la vida si le sonríe, tiene a la mujer que siempre lo ha querido junto a él y una oportunidad de recuperar el tiempo perdido. Llama a sus padres y a Alcistes mientras maneja hacia la clínica, la señal es terrible, así que solo consigue dejar mensajes en los buzones de voz de los celulares.



Todo ha pasado muy rápido. Admeto lleva varios días en la clínica y ya se siente con más fuerzas. Pronto comenzará hacer preguntas, ¿quién las responderá?



¿Quién le dirá que Apolo embriagó a las Moiras y por eso Alcistes no se casará?
¿Quién le dirá que Alcistes lo abandonó también?
¿Quién le dirá el nombre del donante de su riñón?

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