UN CUENTO DE BRUJAS

" Alguien me dijo una vez que necesitaba subir a la montaña para recargar su batería y poder seguir viviendo en la ciudad.
Alguien me dijo una vez que no le gustaba la montaña.
Alguien me dijo una vez que fumaba en la montaña porque no estaba acostumbrado a tanto aire puro.
Alguien me llevó a la montaña muchas veces sin decirme nada de ella, dejaba que yo la entendiera a través de mis sentidos, bajo su guía. "

Caperucita subía desde pequeñita a la montaña. No sabía por que exactamente pero estos cortos viajes le producían mucha alegría. Corría, se ensuciaba, sudaba, no le importaba ser linda ni portarse bien, solo le gustaba correr y ser curiosa. Cuando regresaba a su casa, en las noches llegaba agotada de tanto brincar y se dormía con una gran sonrisa.

Cuando caperucita fue un poco mayor como para pintarse los labios, pero no tanto para llamarse mujer, conoció a su primer lobo. Como en todo cuento ella fue hechizada, en este caso por la voz de su lobo. Era una voz gruesa, con un tono muy familiar que intencionalmente le hablaba bajito, para que ella tuviera que acercarse mucho para entender lo que decía.
En esta historia caperucita no fue asediada por el lobo. Este lobo tenía su interés en otra víctima, pero caperucita hizo hasta lo indecible para que el lobo se la comiera a ella.
Caperucita pasó sus dos noches en la montaña con el lobo feroz, fue devorada una y otra vez, con la plena seguridad que el leñador no la rescataría porque en esos días estaba de viaje en otro cuento.

Cuando hubo recuperado sus fuerzas bajo de la montaña a la realidad. Y la realidad era que su lobo seguía siendo poeta, músico, distante y con el mismo interés en su víctima original. Caperucita comprendió que los lobos son cazadores por naturaleza y si la víctima colabora en exceso pierden el apetito. Así que lloró muchos días pensando en su lobo. Quemó su caperuza y se autonombró “Princesa de Concreto”.

Un día iba esta princesa, por el sendero más hermoso de la montaña. El leñador la guiaba para que no tropezara, pero ella se creía autosuficiente. Así que su amado leñador la dejó caminar sola.
La princesa encontró a un lindo corderito al que siguió, poco a poco este la llevó al lugar más oscuro y peligroso de la montaña. Llegó a una cueva fría, donde vivía toda clase de alimañas y allí el cordero se quito el disfraz y le mostró su verdadera naturaleza.
Era un lobo feroz y despiadado que convirtió a la princesa en su esclava.
Lo que en un principio le atrajo del cordero ahora le repugnaba del lobo.
Él le dibujo con sus uñas una flor a la princesa en el vientre. Sabiendo la princesa que la flor y ella podrían ser lastimadas por el lobo y las alimañas se dispuso escapar, pero el lobo la descubrió y le dijo que se perdería en el camino y sí él la encontraba, le arrancaría la flor que le dibujó en la piel y moriría desangrada, así que la princesa esperó que su leñador fuera a rescatarla, pero nunca llegó, porque su amado protector había sido borrado de esta historia por el escritor de la línea de la vida.

Pasaron los años y el lobo cada día acercaba más sus colmillos al cuello de la princesa y envenenaba a la pequeña flor. Los rajuños ya no eran suficientes para alimentarlo. La princesa entendió que nadie la rescataría así que ese día cuando el lobo intentó morderla, ella huyó tan rápido como pudo y se dio cuenta que el camino de vuelta a casa no era tan difícil.

Así que no hizo falta que alguien la rescatara, sólo su decisión era la necesaria.

Nuestra princesa con su pequeña flor comenzó una nueva vida. No extrañaba a los lobos, en su lugar les temía, así que para mantenerse alejada del peligro se convirtió en la “Reina del Hielo”.

La moderna reina tenía muchas obligaciones, una de ellas era proveer alimento y soporte a su amada flor. Pasaba mucho tiempo trabajando para mantener su reino a flote y cuando llegaba en las noches a su castillo la cambiaba la tierra de su macetita, ya que el veneno del lobo había dañado sus raíces.
La reina, lloraba mucho, esta vez por su flor, porque aun cuando había días radiantes en donde su flor era pura y hermosa, había otros en los que el veneno salía de sus raíces y hacía que el día se oscureciera.

Un día mientras la reina tomaba importantes decisiones, se presentó un bello lobo domesticado con un mensaje especial. Después de verla trabajar arduamente por hacer renacer su reino había observado que todo a su alrededor era seguro pero frío y esto no le permitía disfrutar realmente de lo que hacía. El lobo le proponía que le diera una nueva oportunidad a esa caperucita que algún día fue.
La reina dudaba, pero sus fieles consejeros la alentaron a descongelar el corazón.
Así que una tarde con una mochila al hombro, la reina y el lobo recorrieron el camino de la montaña lejos de los lugares peligrosos. La reina recordó como saltaba, corría y sudaba de niña y una sonrisa se dibujó en su alma.
Este lobo domesticado, era un ser especial porque le brindaba paz y sosiego a la reina y cuidaba a la flor con delicadeza.
La flor resplandecía, lo cual le daba esperanzas a la reina de que el veneno hubiera desaparecido.
El lobo domesticado formó rápidamente parte del reino y su efecto beneficioso sobre la reina se hizo sentir en toda la comarca.

Pero las noticias llegaron al lugar más oscuro del bosque y el lobo feroz y las alimañas se retorcían por la noticia. Así que hicieron mil y un hechizos para dañar la felicidad de la reina, pero ninguno surtió efecto. Hasta que un día, el lobo feroz espero que la reina no estuviera cerca y se robo a la flor.

La reina sintió que moría cuando descubrió el robo, pero en lugar de sentarse a llorar se dispuso a buscar su flor. Después de muchos meses rescató a la secuestrada.

El lobo feroz con sus mentiras había transformado a la hermosa flor en una hiedra venenosa. La reina trató una vez más de curar a su flor, pero la flor ahora era hiedra y se podía desplazar por el reino a voluntad, se creía autosuficiente. Así que después de mucho luchar, la reina le entregó la libertad a su hiedra para que caminara sola.

Mientras todo esto pasaba el lobo domesticado había huido del reino porque el llanto y la tristeza no eran su fuerte. Así que abandonó a la reina para buscar a alguien más a quién no tuviera que dar soporte, sino solo alegrías y disfrute.

Cuando nuestra reina se enfrentó a su nueva realidad. Se fue a la montaña para pensar. Y en la mitad del camino decidió que haber sido caperucita, princesa o reina, no le había ayudado mucho con los lobos, ni con su flor, que a la final nadie la había rescatado nunca, que siempre espero mucho de todos y a la final no recibió lo que deseaba, que todo en su vida había sido producto de su propio esfuerzo, así que desde ese día se convirtió en una hermosa bruja, que come lobos y vigila muy de cerca a quines están a su alrededor. No convierte príncipes en sapos, porque cree que los príncipes no existen. No daña a nadie con embrujos ni encantos, a menos que la dañen antes.

Por eso creo que las brujas no nacen, las hacen.

Comentarios