EL CUERPO


Al fin la mujer de mis sueños, aquí al frente, con toda su atención solo para mí.
Acostado como estoy puedo deleitarme con esas curvas irresistibles. ¿Qué Edad tendrá? ¿27, 28 tal vez?, una recién graduada para mi solito. Yo que siempre he tenido el poder, el control sobre cualquiera de ellas, sobre sus cuerpos, sobre sus mentes y mírame ahora totalmente rendido ante su voluntad.

Mi última aventura no fue así. Después de meses de terapia sin llegar a ninguna solución y evadiendo mis impulsos, me rendí ante ellos. Ella accedió, al principio estaba un poco temerosa, pero con mis habilidades la convencí. Ese cuerpo era mío cada ves que yo lo deseaba. Al principio solo en las consultas y muy pronto fuera de ellas. Su mente ya no me importaba tanto, sus delirios, sus preocupaciones, ya no eran de mi interés, ahora solo me importa poseerla.

Cada encuentro era más salvaje que el anterior, ella me pedía en silencio más y más violencia. Era una droga que nos controlaba o mejor dicho, nos descontrolaba. Mis fantasías más perversas las cristalizaba en ella y ella complaciente y sumisa a mis requerimientos. Trataba de no dejarle marcas por las que debiera dar explicación, pero era muy difícil una vez iniciada la acción. Amordazarla, vendarle los ojos, amarrarla era solo el principio. Los juguetes fueron cambiando de lo común a las cosas más grotescas que pudiera encontrar en Internet. La imaginación volaba tras cada encuentro, solo pensaba en lo que le haría la siguiente ves.

El vouyerismo, los tríos, las orgías, con o sin químicos, fueron los siguientes pasos. Como en todo, ella se resistía al principio, pero luego colaboraba y hasta lo disfrutaba. Mi hermosa mascota, mi pobre chica perdida, su razón dejaba mucho que desear, pero su cuerpo no dejaba desperdicios. Lo último que intenté con ella fue intercambiar los roles de poder, ella la dominante y yo el sumiso, pero no resultó. Debe haber algo de maldad, de frialdad, de impersonalidad en el dominador y ella no cubría esos requisitos. Realmente se esforzó, logró causarme algunas heridas, pero no hacía sino llorar y pedirme perdón. Eso me enfrió mucho. Nunca más la volveré a ver. Ese juego con mi pobre chica perdida terminó.

Ahora me enfrento a esta profesional, podría decir que casi somos colegas.
Después de desvestirme, lava mi cuerpo con delicadeza, eso me excita, pero me quedo quieto, muy quieto, dejó que haga su voluntad sobre mí. Me examina como si fuera una cosa, un animal, eso me gusta. No dice nada, es silenciosa, fría, metódica. Levanta con cierto desagrado mi pene, abre un poco mis piernas y revisa desde la base de mis testículos hacia el perineo en busca de algo o tal vez solo para probar mi reacción, pero tanto ella como yo sabemos que no haré nada, me quedaré muy quieto.

Esta vestida para la ocasión y eso me excita aun más, ni mi más rebuscada fantasía se compara con esta. Simple, directa.

Coloca su mano sobre mi pecho, exactamente desde la base de mi garganta presiona con sus dedos y baja trazando un camino en línea recta hasta un poco más debajo de mi ombligo. De pronto deja de hacer eso y camina a mi lado toma algo que esta detrás de mi cabeza, no sé que es, no puedo voltear a mirar, para que voltear si sus senos reposan sobre mi cara, esa es la mejor vista, qué me importa lo que busca.

En eso suena la puerta entran dos hombres que le preguntan algo que no alcanzo a oír, ella se apresura hasta mi cuerpo, “Así no puedo trabajar” les dice un poco ofuscada. Los hombres se acercan uno de ellos me toma por los hombros. Interesante, esto si es verdad que nunca lo había hecho.

Mi cuerpo se incorpora levemente, ella vuelve a recorrer el mismo camino que hace rato hizo sobre mi pecho, ahora al contrario y en zic zac, torpe, apresuradamente, nuestro tiempo se acaba, debe atender a otro. Y yo que pensé que tendría toda su atención.
Sigue su rutina mientras los hombres me tocan de manera impúdica, realmente es excitante, jamás imaginé que tantas manos, me dieran tanto placer sin que yo tuviera que mover un dedo.

Lo siguiente que me hacen me deja algo desorientado, es lo normal en estos casos, pero tengo que recuperar la orientación pronto, quiero aprovechar cada rayo de luz antes que cierren la bolsa plástica donde depositaron mi cuerpo.

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