LA CAJA



Mi amiga era una chica rígida, estructurada, controladora, pasó su juventud haciendo planes, estudiando, ahorrando; por lo que su vida social no era precisamente muy activa. El destino le había preparado un camino lleno de obstáculos porque mientras otras chicas, en la adolescencia sólo se ocupaban de fiestas, mi amiga debía trabajar muy duro para subsistir, sin embargo siempre tenía una sonrisa, su voz era dulce y sus gestos amables con todo el mundo. Era la hija, alumna, amiga, novia responsable y solidaria, de la que se esperaba todo lo correcto. Se graduó, se casó, se convirtió en madre, empresaria éxitosa y ejemplo de la comunidad.

La lógica dominaba todas sus acciones, las necesidades de quienes le rodeaban estaban primero que las propias. Nada señalaba en el horizonte que al actualizar sus conocimientos, se enredaría en el cliché más vulgar y trillado.

El poder de este hombre la avasallo, su tono de voz, su dominio del tema, del grupo, de la gente. Ella estaba consciente del efecto que causaba en los demás y en cierto modo estaba acostumbrada a eso, pero que alguien causara ese efecto en ella no. Para eso, si es verdad que no estaba preparada.

Pasó meses resistiéndose a los sonrojos, la taquicardia y la ansiedad. Llegó a pensar que estaba enferma, los chequeos médicos solo le confirmaron una cosa, estaba en su mejor momento, físicamente hablando.

Este hombre era un error en su vida, inaccesible, perturbador y no le prestaba la menor atención. Ella tenía en casa todo lo que necesitaba, un esposo ejemplar, una familia hermosa, ¿qué diablos estaba pasando con ella?

La cosa se comenzó poner castaño oscuro, cuando el descontrol se extendió al resto de los días y horas de la semana. Pensaba en su boca, en sus manos, sus ojos que le gustaban tanto. Las personas a su alrededor le llaman la atención con frecuencia, comenzó a ser torpe, imprecisa, olvidadiza.

No hacía sino desear la cita acostumbrada para mirarlo, oírlo a placer. Sabía que sólo eso podía hacer, aunque su mente creara situaciones de lo más variopintas, donde ellos tenían encuentros fogosos. La realidad era que sus principios no se lo permitirían, ni ahora ni nunca. Sin embargo esa excitación no era desperdiciada, porque cuando llegaba a su casa tenía el sexo más apasionado que su esposo pudiera soñar. Ella se desataba cada vez más, comenzó a pedir y hacer cosas que una mujer decente no haría.

Un día, que salió tarde su trabajo, en lugar de manejar directo a su casa, como acostumbraba, se dedico a deambular sin rumbo fijo por la ciudad. Las luces de la noche la hipnotizaron y sin saber cómo, llegó a un motel de mala muerte acompañada de un desconocido. Está de más decir que fue una experiencia salvaje y desprovista de toda moral y lógica. Ese fue el primer paso de muchas noches ardientes con desconocidos.

Se compró un celular por medio del cual atendía citas que se generaban de un anuncio caliente que publicó en varios diarios capitalinos. Sus búsquedas en Internet dejaron de ser, de carácter financiero, para convertirse en educación sobre los submundos del BDSM. Aprendió que ella era lo que llaman Switch, a veces sumisa, a veces dominante. Comenzó a frecuentar tiendas especializadas en el tema y contrató un buzón para recibir los artilugios que compraba en línea. El almacenaje de estos, lo resolvió alquilando un apartamento tipo estudio que se convirtió en su centro de operaciones.

En su casa, las cosas regresaron a la normalidad, la responsabilidad y el control, volvieron. Eso si, el sexo con su esposo era el mejor que él pudiera soñar, entendiéndose que el mismo, era mucho más activo que el de antes, pero lo normal para un matrimonio estándar.

El último día de su curso de extensión, este hombre, que la había trastornado le regaló a cada participante una hermosa caja de madera, tenía una cerradura dorada y una llave antigua. El discurso y la tarjetita que la acompañaba decía algo sobre los conocimientos alcanzados, nuevas herramientas, algo del uso responsable del contenido de la caja.
Ella en realidad no le prestó atención ni al discurso, ni a la tarjeta, sólo a la caja.
Había algo en ella que le inquietaba, no estaba segura de poder abrirla, no estaba segura del contenido, no estaba segura de poder cerrarla luego... o si tal vez ya la había abierto antes de tenerla en sus manos.

Comentarios

joselop44 ha dicho que…
Muy bueno, acabo de hacerme seguidor.
Saludos
Nyna Koti ha dicho que…
Gracias por deferencia.

Espero disfrutes este espacio