SIN MARCAS


¡Al fin conseguí trabajo! Mi mamá ya me tenía cansado con su amenazadera de meterme en la guardia, vamos a ver si deja de botarme de la casa cada quincena.

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Me libré de mi mamá y me salió una loca peor, la esposa del patrón, es también jefe de personal.
Una tirana, ¡claro! como es la mujer del dueño, se cree que puede pegarle cuatro gritos a uno cuando le da la gana.
Además, hasta dónde yo sé, mi trabajo es arreglar los carros que llegan al taller, no estarle haciendo mandados a esa caraja.
Si no fuera por lo sabroso que es tener plata para mis vainas y mantener contenta a mi mamá…

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¡Al fin, Viernes! entre el sueldo y las horas extras, que me hizo trabajar la vieja esa, me salieron unos buenos cobres esta semana.
Me gané unas cervezas hoy, el compadre cuadró uno culitos, ¡que bueno es tener plata!

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¿Esa mujer, cómo que no sabe otro nombre en esta vaina? ¿O será que me tiene arrechera? En lo que va de semana me ha mandado al banco 6 veces, le he montado dos botellones de agua, le cambié el bombillo del baño, le llevé unos papeles de unos impuestos y me ha hecho quedar todos los días hasta terminar los carros que me tocan, porque no rindo; cómo coño voy a rendir, si me la paso metido en la oficina de esa vieja del coño.

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Fui con el compadre al puti-club, me hacia falta.
Cómo que me voy tener que buscar una mujercita de verdad, porque esta gastadera en esa vaina me tiene arruinado.

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Esa mujer del carajo, me tiene la vida triste, ahora me tiene de chofer suyo. Me tiene loco, “cuidado y me rayas el carro cuando te estaciones”, “¿Será que no te pelas ningún hueco, mijito?”, “Ve más rápido”, Ve más lento”. No hace sino criticar, pelear, pegar gritos. El colmo fue cuando me pegó el carpetazo por la cabeza, porque quería que me comiera una luz roja. Coño no puedo más, mañana hablo con el patrón, no me sigo calando esta vaina.

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El sobre de pago me llegó más lleno que de costumbre, y el patrón me dijo que su mujer le habló muy bien de mi. Me pasaron a trabajar al depósito de los repuestos, la señora me va enseñar unas cosas de inventario y eso para que maneje el depósito, me voy a tener que quedar hasta tarde mientras aprendo lo que hay que hacer en el nuevo puesto. Yo que pensé que le caía mal a la señora.

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Compraron un galpón nuevo, el negocio está creciendo. El patrón quiere que vaya con su esposa a revisar el local, pero la mujer esa no ha hecho más que regañarme todos los días por bruto, coño que culpa tengo yo de no saber eso de “inventario”, de vaina y salí del liceo, ¿qué quiere? No creo que aguante mucho.

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Bueno lo que pasó fue esto.
Pasamos una semana yendo al galpón, en el piso de arriba mandaron hacer una oficina, no es por nada, pero me quedó del carajo. Digo que me quedó, porque a la final yo fui quien la pinto y le metió los muebles. Lo malo fue que la patrona andaba detrás mí como una sombra, no me dejaba hacer mis cosas tranquilo. “Muéveme el escritorio”, “esa pared quedó veteada”, “muchacho bruto tu cómo que nunca has pasado una escoba en tu vida”.
Estaba decidido a renunciar ese viernes después que me pagaran, sin importar cuanta plata tuviera dentro del sobre.
Ya como a las 8 de la noche se fue todo el mundo y a mi nada que me pagaban mi vaina, así que subí a la oficina nueva de la patrona.
Cuando entré ella me mandó a sentar y que esperara allí, salió y regresó al rato.
“La cosa es esta, mi marido no está en el pueblo hoy, ya todos se fueron, el vigilante tiene ordenes expresas de no molestarnos.” Me dijo mientras cerraba la puerta.
“Quítate la camisa, los zapatos y las medias” mientras ella se quitaba el vestido que tenía puesto.
No lo podía creer, la verdad como que nunca había visto a la señora bien.
¡Claro que soy un macho! Pero coño, no sabía que hacer.
Ella me llevó del brazo al mueble, me sentó, y se acostó boca abajo sobre mis piernas. De pronto toda su grosería desapareció, su cara se volvió como la de una muchacha cualquiera, la verdad es bastante joven para el marido que tiene.
Me miró de lado, agarró una de mis manos y la colocó sobre sus redonditas nalgas y me dijo “he sido muy mala contigo, merezco que me castigues”.
¿Qué coño era eso? ¿Qué se supone que tenía que hacer?, entonces ella levanto mi mano y la dejó caer. No sé qué me pasó, pero me entró como un diablo, toda la arrechera que le tenía se me juntó. Al principio le daba nalgadas como con miedo, pero poco a poco le daba más duro, ella me decía “castígame papi, así”, ese culito se le ponía rojo y yo me sentía un macho, un hombre, pero no como cuando voy al puti-club, me sentía un tipo arrecho.
De repente me paré y ella rodó de mis rodillas al suelo, saqué mi correa y le di dos correazos, gritó y allí fue cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo.
Estaba sudado, temblaba y con la mano apretaba la hebilla de la correa. Ella se arrodilló frente a mí y me abrazó por las piernas, tenía la cara roja y los ojos llenos de lágrimas. ¿Qué coño estaba pasando?
“No dejes marcas” ¿Es que acaso esa mujer estaba loca? O más loco estaba yo por seguir allí y por sentirme tan bien, tan excitado.
Abrió mi pantalón y lo bajó con todo lo demás hasta la rodilla y mientras pasaba su lengua por mi hombría, agarró mis manos y las puso en su cabeza para que le jalara el pelo. Si estaba loca o no, no me importaba; lo profundo y caliente de su boca era lo que me tenía ocupado en ese momento. Tenerla arrodillada sin nada de ropa frente a mi era una visión. Mientras me llamaba bruto nunca me imaginé tenerla así, lo que quería era renunciar, hasta miedo le tenía, pero tenerla así era la mejor venganza por todas sus humillaciones. Ahora era ella la que estaba a mis pies, era yo el que la jodía, le daba hasta sacarle lágrimas.
Entendí que tenía el control, así que la hice mía como, por donde y cuantas veces quise.
Lo que sé, es que en lo que, el cielo se puso clarito, me dio un cague. Me di cuenta del tiempo que había pasado, ¿si el marido llegaba? Además yo nunca había pasado una noche completa fuera de mi casa, mi mamá debía estar arrechísima.
Ella estaba dormida, así que yo me vestí y me fui calladito.
Llegué a mi casa y como me imaginé mi mamá estaba esperándome, empezó a gritarme, pero esta vez fue diferente, la paré en seco y le aclaré un par de vainas. ¡Coño! Su cara era para una foto. Peló los ojos como un par de platos. “El desayuno está en la mesa” fue todo lo que dijo, se dio media vuelta y no la vi hasta la tarde, que fue cuando me levanté.
No sé que pasó ese día, pero la vaina es que no cobré y no sé que voy hacer ahora.

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Bueno es lunes y voy a buscar mis reales, por si no regresó lo que pasó es lo dejó aquí escrito.

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Me encontré estás notas hace unos días, cuando arreglaba las cajas de la mudanza.
Como me he vuelto maniático con el orden, las completaré hasta el día de hoy, ya veré que más se le puede ir agregando con el tiempo.

Me compré una casa muy bonita y grande, mi viejita esta muy contenta. Jamás pensó salir del pueblo y mírala ahora, hasta con muchacha de servicio.
Yo, soy ingeniero mecánico automotriz, dueño del 40% de las acciones del taller que ahora es la planta de ensamblaje automotriz más prospera del país. El viejo tenía visión, supo hacer sus negocios.
Yo le estaré agradecido eternamente por haberme dado tantas oportunidades.
Dejó una viuda y una empresa jóvenes y prosperas, a las que hemos metido mano para sacar adelante con éxito.

La presidenta, ama dueña y señora de este negocio sigue con su mal humor de siempre, grita, se desespera, tira cosas, solo se sabe un nombre a la hora de insultar.
Nadie entiende como la he soportado tantos años, creen que no tengo dignidad. Sé que hablan a mis espaldas, sin embargo en mi presencia me tratan con respeto, a veces creo que con lástima.

Para mi es un placer seguir trabajando con la patrona. Nos entendemos a la perfección, ella me grita y yo no le dejo marcas.

Comentarios

brasil ha dicho que…
realmente espectacular
Nyna Koti ha dicho que…
Gracias Brasil.
Aarón León ha dicho que…
Cómico,cálido y aleccionador en cuanto al desprejuicio y sorpresas en las preferencias sexuales. me gusto mucho la agilidad narrativa entre "capitulos" narrado en tono masculino lograste enfocar una mézcla de sensible jocosidad. Me encanto el final,un muertico siempre justifica bien un desenlaze felíz. ja!
I LIKE!!!
Nyna K. ha dicho que…
Muchas gracias Aaron, que bueno que te gustó.

Escribir usando la voz narradora de un hombre, fue todo un reto.

Espero haber conseguido el objetivo.