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Una mujer en toda su plenitud, se ha tomado una pausa.

Después de un par de divorcios y quince amantes cree que es el momento de hacer una pausa.

Tiene 425 días sin tener sexo (con otra persona).

El sexo ha sido hasta ahora un escape de su cotidianidad, de las tensiones del trabajo, los conflictos familiares. Algo así como las personas que necesitan fumar desesperadamente cuando están en tensión. Juega a que sus amantes son desechables, no se compromete, evita la comodidad de los abrazos, el protocolo de la cena o el vino. Dirige el ritmo y marca el final cuando la intimidad emocional aflora.

La decepción la ha convertido una cazadora de placer.

Sin embargo después de su última aventura, algo pasó, no sabe exactamente qué, pero una paz una tranquilidad llego a su vida. Las palabras de él fueron, "te estoy preparando para el hombre que te mereces".

Qué coño significó eso? ni ella misma lo entendió, pero esa promesa se enquistó en su cabeza, de tal forma que comenzó a esperar a ese "hombre", uno que la domine con su voz, logre vencer su voluntad.

En el fondo ella aún cree que el amor puro y sincero puede estar acompañado de pasión. Pobre ilusa.

Esta perdiendo la fe en la promesa.




Él esta entrando en su otoño.

Enviudó de su única mujer, su vida, su todo, su yugo.

Nunca levantó voz, siempre hizo la voluntad de su mujer.

Misa el domingo, club de caridad los martes, cena con los amigos el miércoles, junta de negocios los jueves, cena tranquila en casa los viernes, tal vez sexo este sábado y si duele la cabeza entonces lectura de la última novela.

Después del entierro, sintió una liberación que lo arrojó experimentar lo que no se había permitido antes.

Por su cama pasaron mujeres de todas las edades, tamaños y colores. Aprendió a pedir, a disfrutar, a gozar el poder masculino que había tenido dormido durante tanto tiempo.

En sus aventuras llegó a un local casi clandestino de intercambio de parejas, sus sentidos se deleitaron con las imágenes. La más interesante fue una chica con un collar de "O"; como una vestimenta tenía una par de botas tacòn stiletto y la cadena del collar, que sostenía un hombre sentado en un sofá. El hombre bebía y conversaba animadamente con las otras personas, mientras ella echada a cuatro patas era penetrada al mejor estilo "Gang Bang".

Después de haber probado tanta variedad y haber saciado el hambre vieja, ahora quiere tener una sola, para dominarla según a su voluntad. Ha buscado y no encuentra a la indicada.
Cree que la perversión puede tener algo de sentimientos. Pobre perdedor.

Está perdiendo la esperanza.

Comentarios

escritores negros ha dicho que…
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