UNA PICARDÍA


Parada en una esquina de la zona rosa, está esta chica. No es joven, no es vieja, pero es mujer y eso es lo que le importa al tipo de la camioneta último modelo que piensa levantarla y llevarla al hotelucho más cercano.
Ella se acerca a su ventana y con la pose acostumbrada le pregunta “¿Te acompaño papi?”, el responde con otra pregunta:

“¿Cuánto cobras?”,
- “Eso depende de lo que tú quieras que te haga, papi”-
-“Quiero una noche salvaje, con todo.”-
- “Bueno eso son tres mil”.
-“Móntate pues”-

Dos cuadras más adelante entraron al hotelucho donde los ceniceros pegados de las mesitas de noche, las cortinas metalizadas y las sábanas con quemadas de colillas, serán testigo de la transacción comercial.

-“Yo cobro por adelantado”-

Él sacó los billetes y se los echo encima, ella los recogió y los guardo apretujados entre sus senos. Masticando chicle con la boca abierta, le preguntó su nombre. Él vaciló un momento, con duda pronunció el nombre: -“¿Ernesto?”

Ella no pudo aguantar la risa.

-“¡No vale!, Ernesto fue la última vez, yo quería hacerlo con un Alberto hoy. No juegue, definitivamente. Dejaste olvidado el almuerzo en la casa, tengo que andar detrás de ti para que te tomes las pastillas y ahora se te olvida el nombre de mi nuevo amante. Así no se vale.”

“Bueno, bueno, deja ya, que me sacas de personaje. A lo que vinimos”.

¡La imaginación!!! Bendición de los inteligentes.




Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Me encantó este post, la verdad me sorprendiste Nina.

Espero por más.