UN CUENTO DE NAVIDAD


La noche olía a pólvora, el cielo estaba lleno de chispas multicolores; las puertas, ventanas y techos de todas las casas de la cuadra; tenían luces titilantes.

No podía decirse que el dulce sonido de la fecha, arrullaba a los transeúntes de la calle. No, era un ruido aturdidor, mezcla de villancicos, risas de Papas Noel, vocecitas chillonas haciendo las veces de duendes. Todo al unísono, una locura para cualquier ser vivo, pero quienes transitaban por esa calle, definitivamente no eran seres vivos.
Ellos mismo producían más ruidos. Risas, instrumentos musicales mal tocados, cantos de gente embriagada.

La locura de la “Noche Buena”.

Entre los vecinos había una competencia tácita y tradicional, quien tuviera más luces y decoración navideña, era el anfitrión de la fiesta de la calle. Haber despilfarrado cantidades absurdas en cosas que pasarían casi once meses en cajas, era motivo de admiración y alabanza por parte del resto de los competidores quienes, en el fondo se sentían decepcionados de no haber gastado lo suficiente para ser los “mejores”.

El ganador de ese año en particular, mandó a construir una chimenea real, con leños y todo, para su casa. Eso no tendría nada de raro, si no fuera porque en Maracay la temperatura está en el orden de los 32°C.

Los niños estaban como locos, desde temprano corrían por todos lados. Los padres no les prestaban mucha atención. La orgullosa esposa del anfitrión, trataba de esconder los regalitos antes de ser envueltos, para que la curiosidad infantil no dañara la sorpresa nocturna y el pródigo padre entre otras cosas, ocultaba un collar que no era para su esposa.

Sería entregado en otro momento, esa noche pertenecía a la familia, al hogar a la estructura, a la fachada. La dama en cuestión, vecina de la cuadra, era la sospechosa habitual cuando algún devoto marido perdía el buen rumbo de su hogar. La única divorciada, sin hijos, que no necesitaba de un único proveedor para subsistir cómoda y opulentamente en aquella cuadra. La envidia de las mujeres, el sueño de los hombres. El cliché para todo affair, si es que una sonrisa y algunos comentarios picantes eran un romance. Al menos en la cabeza de éste caballero, si lo era.

Cuando un esposo es infiel por primera vez, comete muchos errores. Pareciera que pidiera a gritos ser descubierto y este no fue la excepción. Ocultó el collar, pero no el comprobante de pago, que dejó sobre la cómoda del cuarto, ni el recibo del grabado que le mando hacer al dije, donde declaraba su afecto a la dama en cuestión, que evidentemente no se llamaba como su esposa. Claro que cuando la cónyuge consiguió los papelitos, su reacción no fue otra que llorar, reclamar, golpear y gritarle al Santa Claus, estrella de la noche, bajito y con mucho cuidado para que los niños y los vecinos no se enteraran. Las apariencias…

Uno de los chicos entró sorpresivamente a la habitación, pidiendo refresco y la discusión desapareció por arte de magia. Un milagro de navidad.

Los vecinos colmaron cada rincón de la casa y la noche se hiso larga y entretenida, la pareja perfecta, dio la mejor muestra de clase y atención.

Cerca de las 12 de la noche nuestro marido infiel desapareció sin dejar rastro, la futura dueña de collar tampoco estaba en la fiesta, los regalos no aparecieron tampoco.

A la mañana siguiente los villancicos eran sustituidos por sirenas, los forenses levantaban el cadáver de una pobre chica divorciada y su amante de ocasión, baleados en plena noche buena.

“Yo sabía que ese sería su destino”, “Tarde o temprano alguna le tenía que cobrar la ofensa”, todas las mujeres del lugar tenían la misma mirada y los mismos pensamientos, salvo dos, la viuda que no dejaba agradecerle al asesino el favor y la asesina que no dejaba de preguntarse dónde estaba su marido.

Tres días después lo descubrió. Todos pensaron que la limpieza compulsiva después de la desaparición del principal sospechoso era un mecanismo de defensa ante la crítica silenciosa del vecindario, pero la verdad era que un olor infernal se apoderaba de la casa. Era tan poderoso que estaba contaminando las áreas comunes y era obvio que provenía de la casa del sospechoso homicida prófugo de la justicia.

Los bomberos encontraron a un Santa Claus hinchado y pútrido, atorado con una bolsa de regalos y un collar infiel, en su bolsillo, en una estúpida chimenea, con leños y todo, en un Maracay de 32°C.


Cuento publicado en el blog "Lunes de Lectura"

Comentarios

joselop44 ha dicho que…
Muy bueno; me ha sorprendido.
Saludos
Nyna Koti ha dicho que…
Muchas gracias Joselo, como verás amo la navidad.