DESEO A PRIMERA VISTA 2° PARTE



Ha pasado una semana desde su primer encuentro, justo como lo había exigido Lorena. Luego de ser extraños en un concurrido bar de la Castellana, ella conoció a este moreno con quien se aventuró a tomarse unos tragos y terminó la noche en su cama rebosada de sexo y placer.

Lorena es una mujer de su casa, al menos eso piensan sus padres. Trabaja en una distinguida agencia de publicidad, allí logra altos ingresos mensuales y vive sola por su iniciativa de ser autosuficiente.

Ella despierta igual todos los días. Apaga su despertador y se toma dos minutos en admirar el color beige de sus cortinas Hunter Douglas. Es una mujer hermosa, ha vivido tres décadas y desde hace 10 años no le ha sido infiel a su disciplina. Se levanta temprano para trotar alrededor de su urbanización, detiene el tráfico con las curvas de su modelada retaguardia y mantiene galopando sus senos cincelados por un maestro cirujano. Es una catira divina.

La noche que conoció a Ricardo rompió con todos sus prejuicios, se acostó con él luego de una somera conversación de un par de horas. Luego de esa noche de pasión, huyó de la casa del susodicho dejando una nota, allí marcó la agenda para su próxima revuelta y dejó su número telefónico.

Amanece un viernes cualquiera, justo se cumplen siete días desde que Lorena y Ricardo se apresaron mutuamente en una condena sexual. El moreno hace vibrar el celular de la dama, le invita una cena y le propone pasar la noche en un renombrado hotel de la Panamericana. Ya existe una reservación para el Amour fugitif. Ella responde el mensaje y termina la comunicación fijando la hora de la cita e indicando la dirección del edificio donde vive.

7:00 PM. El tipo es puntual, Lorena abre la reja de su residencia cinco minutos más tarde. Deslumbra con una falda negra hasta la rodilla, un poco más larga a la que usó el día que se conocieron. Una abertura de corte recto deja al descubierto la mitad de sus muslos. Lleva una blusa descotada capaz de asaltar la mirada de cualquiera. Su cabello de rulos amarillos se bate al ritmo de sus caderas y camina mostrando sus pies sobre unas sandalias altas de color vino tinto, el mismo color de su cartera.

El moreno se baja del asiento para abrirle la puerta a la dama. Todo un caballero. Van directo a comer, degustan de una cena increíble acompañada por un Chardonnay, la mejor cepa de vino blanco del mundo. Conversan sobre cosas tribales, logran reírse de todo y saltando el protocolo se confiesan sus edades. Descubren que Ricardo es cuatro años menor que ella. Un detalle de poca importancia, Lorena piensa que el sexo no respeta edades mientras sea placentero.

Suben nuevamente a la camioneta. Toman la vía más rápida hasta la habitación reservada. Se encuentran con un jacuzzi muy provocativo, Ricardo abre la llave de agua caliente insinuando que desea un baño espumado. Le pide a Lorena un beso y mientras ella lo complace, el comienza a despojarla de su labial dando tiempo a que se llene la tina. El quedó completamente desnudo, ella prefirió lucir la ropa interior que había seleccionado para el momento, una combinación de hilo con sostén negro bien adornado con encajes, el perfecto contraste para su blanca piel. Demasiada tentación.

Se separan del beso, admiran sus cuerpos, se desean, se siguen viendo y luchan para no ir a la cama de inmediato. Ricardo es el primero en reaccionar y se dirige a la pequeña nevera que hay en la habitación. Destapa una Champagne que estaba a una temperatura perfecta, sirve un par de copas y piensa que la bebida es ideal para hidratarse mientras continúa la velada.

La tina esta llena. Lorena se encarga de que el jacuzzi esté espumante y le pide a Ricardo que se acerque mientras se quita lo poco que queda de su ropa. No puede evitarlo, se siente excitada por la mirada del moreno.

Se sumergen en el agua, beben un poco de Champagne, Lorena se posa encima del joven y al fin logra sentir el pene de Ricardo entre sus piernas. Comienza a frotar su vagina contra él mientras se toca los senos con suavidad. El moreno permanece recostado, expectante, sólo admira a la dama con deseo, se mantiene excitado y disfruta del momento.

Comienza el rico juego del calentamiento. Ahora el hombre aparta a Lorena al otro extremo de la bañera. Se hace con una de sus piernas y decide honrar un fetiche admirando los pies de la dama, sus uñas también están coloreadas de color vino tinto y descubre un par de lunares en su empeine derecho. La sienta al borde del Jacuzzi y comienza a transitar lentamente su pierna izquierda. Desea su sexo con locura pero no sucumbe y lame discretamente su clítoris de una forma casi imperceptible. Lorena da muestras de placer frunciendo sus pies. Ambos disfrutan nuevamente del buen trabajo que hace Ricardo con su lengua, como la primera vez. El sexo oral se prolonga por dos orgamos de la treintiañera. Definitivamente el moreno ha sido su mejor amante.

La actividad se detiene mientras llenan nuevamente sus copas y salen del jacuzzi. Se ven plenamente mojados y deciden quedarse húmedos y no usar toallas a pesar del frió de la habitación. Beben la segunda copa y esta vez si van a la cama. Lorena resuelve devolverle la gentileza a Ricardo y ahora es ella quien se sitúa cómoda en la cama para tomar su pene, masturbarlo y darle placer con su boca.

Al cabo de un rato, Lorena se sorprende de la capacidad que tiene Ricardo de controlar su eyaculación, por más que se esfuerza con sus delicados labios, no logra hacerlo acabar con el sexo oral. No le da importancia sino que le da valor y decide írsele en cima para disfrutar de sus besos.

Se tocan, sus manos coinciden en sus pechos. Ella se desliza y disfruta de su abdomen medio marcado, el sólo se deleita con sus senos y los acaricia suavemente con sus dedos. Se mantiene la temperatura mientras dan vueltas en la cama hasta que ella decide prepararse para que su amante la sacuda intensamente.

Comienza la penetración, Ricardo se posa encima de ella y juega con su pene mientras inicia la unión, lo saca completamente y lo regresa a lo profundo de su vagina un par de veces, repite el ejercicio en varias oportunidades, intenta desesperar a Lorena. El moreno consigue su cometido y la treintañera entra en agitación y sin titubear le pide al joven que acelere su ritmo para sentir más placer. Al obtener la luz verde, Ricardo se siente libre y comienza a mover a Lorena por toda la cama. La alza, la carga, la levanta, la pone encima de él, se sientan, hacen de todo. La dama no deja de estar sorprendida con la agilidad y el aguante de su amante.

Pasada media hora de acción y dos orgasmos más de la dama, Ricardo es previsivo y avisa que está al tope máximo de su resistencia. Lorena se separa y le pide que acabe sobre sus senos, él llega a la eyaculación y al igual que en su primer encuentro caen golpeados en la almohada. Disfrutan de unas caricias y unos besos al terminar la jornada. Se disponen a una ducha y salen gozosos del agua caliente, esta vez si hacen uso de las toallas y se visten sólo de ropa interior. El cansancio se hace sueño y ambos duermen embriagados de placer.

La mañana del día sábado se avecina con un sol radiante. Esta vez Lorena no salió del lugar huyendo y se gana un amanecer junto a su moreno. Otra noche de placer ha sido aprovechada por ambos amantes.

Juntos salen del hotel agradeciendo la hospitalidad. Lorena rechaza una invitación a desayunar y prefiere ir directo a su casa. Al llegar al edificio Ricardo espera no ser rebatido por segunda vez y le pregunta a la treintañera si habrá un tercer encuentro. Lorena cae en un silencio de cuatro segundos y justo cuando el joven perdía las esperanzas, la dama se baja de la camioneta pidiendo que sea paciente y que espere su llamada.

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