DESEO A PRIMERA VISTA

Cada día más agradecida por su apoyo, las colaboraciones crecen y eso me emociona.
Me encanta que la gente se atreva a hacer cosas, que se dé permiso de experimentar, hay tanto que quieren decir. Y bueno, qué piensen en esta ventanita virtual, como medio de expresión, es todo un honor y un reto.
En esta oportunidad nos regalan una historia por entregas. La verdad, estoy intrigada, ya quiero saber que sigue. Qué creen ustedes que pasará? Pero antes, conozcamos al autor.


Freddo (Caracas, 23 de abril 1987) En sus propias palabras "Me veo al espejo y encuentro un tipo enamorado, novio, esposo y amante de una única mujer. Tengo apenas 22 años pero las canas ya me acompañan en el camino hacia los 23.
Soy un redactor de tachuelas, voy fijando ideas en algún lugar de mi mente hasta lograr terminar una historia. Creo que soy apasionado a las letras, mi profesión es la Comunicación Social y me siento un escritor en pañales.
Mi lema: cada día tiene 24 horas, hay que aprovechar cada minuto"

A él, lo pueden encontrar aquí: http://lecturasparaleer.blogspot.com/




DESEO A PRIMERA VISTA



El primer encuentro
Ricardo mira con apetito la huella que dejan sus labios en la copa onda de color vino tinto. Pasa desapercibido cruzando la pierna derecha mientras bebe un trago doble al otro lado de la barra.
Regresa su mirada hacia ella, a dos asientos de distancia, homóloga en su soledad. Esta vez ella siente su mirada, le corresponde por dos segundos y luego voltea hacia un pasillo, admira a la gente caminar y vuelve la copa de vino a sus labios.

Al terminar el segundo escocés, Ricardo encuentra la fuerza para emprender un viaje hasta el asiento más cercano a la dama. Sentir su perfume tan cerca incrementa su impulso y pide al tabernero otro whiskey para él y una copa de Merlot para su nueva acompañante.

Nacen las preguntas típicas, se presentan formalmente y comienzan a tener una conversación que les informe lo necesario para poder irse a la cama sin remordimientos. Luego de hablar de sus empleos, comidas favoritas, lugares comunes y preferencias teatrales, Ricardo decide tomar la iniciativa y le propone a Lorena que vayan a su apartamento para tener una noche de sexo sin compromiso. Ella se ajusta a la hora de su reloj, le dice que va un poco rápido para su gusto pero bebe la última gota de su copa y acepta el plan indecoroso del moreno. Ricardo termina su bebida y sin chistar sale del bar pidiendo al parquero que ubique su camioneta para correr hacia su morada.

Ella decide iniciar la faena mientras transitan por la autopista a mediana velocidad. Encuentra el pene erecto de Ricardo hurgando entre sus pantalones de lino marrón. Sujeta su virilidad con su mano izquierda y se inclina muy cerca el volante para familiarizarse con el sabor de aquel vigoroso miembro.
Ricardo intentar manejar la excitación mientras conduce su camioneta negra por la autopista. Llegan al lugar y el moreno lucha para abrir la puerta de su apartamento. Pelea con la cerradura mientras la besa, le toca la espalada y luego baja su mano para apretar sus piernas. Dejar de besarla es imposible.
Al entrar a la residencia, Ricardo pide a la dama que lo espere en uno de los muebles de la sala. El va en busca de un Cabernet Sauvignon para pintar el encuentro. Camino al bar al final del pasillo, el hombre decide iluminar el espacio sólo encendiendo una lámpara de lava verde. El ambiente se torna más sexual y excitante para Lorena.

Luego de degustar la copa, Ricardo se arrodilla frente a ella, la despoja de su falda y ropa interior para comenzar a lamer suavemente su clítoris, mientras ella se mantiene sentada en el mueble de la sala. Ella no resiste el buen trabajo del moreno y empieza a abrir un poco más sus piernas mientras ambos se ven a los ojos. El joven se destaca en el sexo oral y hace gala de su lengua educada por la literatura taoísta.

Un gemido pronunciado delató el primero orgasmo de Lorena. Ella se separó un instante para tomar un respiro y rápidamente le rogó a su amante que penetrara dentro de ella. Quería sentirlo.

Lo ayudó a despojarse de su ropa y mientras él se desabotonaba la camisa, ella volvió a chupar su pene, esta vez con más intensidad, le provocó un tentempié antes de la penetración.
Se rindieron a la espera y se dieron placer mutuamente. Las posiciones cambiaban con rapidez y sin dejar la penetración la sujetó por las piernas y la llevó de la sala al cuarto. Ella no paraba de moverse mientras él aún caminaba y la cargaba, en ese momento, Lorena sentía el segundo orgasmo de la noche.

Cuando se acostaron en la cama el tomó la batuta. Se subió encima de ella sujetando sus piernas abiertas y aumentó la velocidad a su penetración. Ella halaba las sábanas como si quisiera desvestir la cama y arqueaba su espalda al mismo ritmo de sus gemidos.
Ricardo no pudo más y acabó dentro de ella. Ambos sintieron la fuerza y la temperatura de aquella eyacualación. El cansancio hizo estragos en sus cuerpos y el sueño los derrumbó sobre la almohada. Él se adormeció de inmediato, ella lo miró con agradecimiento por haberle brindado ese rato de placer. Estaba extasida. También durmió.

Pasaron un par de horas, Lorena despertó y decidió partir de aquel lugar sin despertar a Ricardo. Se vistió y antes de salir firmó una nota que decía “no importa lo que suceda entre nosotros, que este encuentro se repita la próxima semana” dejó su número y se fue.

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