LAS MIRADAS SE CRUZAN




Ella ya lo ha visto sin ropa. Él, ya besó sus senos.
Sin embargo siguen siendo un par de extraño.
Se saltaron el protocolo y fueron directo al grano.
Nada de café, cine o chocolates. No hizo falta.
Él sabía lo que ella quería darle.
Ella, esperaba que él la abordara.

Así sin preámbulos, un mensaje de texto, casi telegráfico señaló la hora y el lugar.

Una larga espera llegaba a su fin, una oportunidad que no se podía desperdiciar.

Él, tal vez con miedo a ser descubierto. Ella, con pánico a ser juzgada.
Él, silencioso. Ella, parlanchina descontrolada. Cada quién mostrando nervios a su manera.

Él, entre sus piernas y ellas explotando de placer.

Él, la deja en el mismo lugar en el que se encontraron.
Ella, sigue su faena entre papeles y citas de negocio interminables.

El resto del mundo sigue girando, nada pasó.

Siguen siendo un par de extraño, que están a un clic de distancia.
No se tocan, pero se sienten en la punta de sus dedos.

Solo una vez más para comprobar.
Él su hombría.
Ella si realmente le gustó.

Ella no deja de pensar en él, más que en sexo con él.
Él no deja de pensar en ella, sólo en sexo con ella.

Ella se mete en sus recuerdos, sin él darse cuenta.
Él se mete en su vientre, sin ella percatarse.

Pasaron las semanas y la distancia fue cada vez mayor.
Ya no se encontraron clandestinamente.
Tal vez todo fue un sueño, un deseo fugaz.

Ella siente que es mejor así, no verlo ayuda a olvidarlo.
Él ya no la anhela, su mente se concentra en su realidad.

Un romance de medio día, que murió como nació.
Febril, violento, inseguro, totalmente químico.

Hasta esta tarde, que por casualidad se encuentran en un centro comercial.
Él con su familia. Ella con su pancita hinchada.

En él se agolpan recuerdos, sentimientos, dudas.
En ella se agolpa el rubor… en sus mejillas.

Las miradas se cruzan al borde de un pasillo y se pierden.

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