CONCURSO "CARTAS DE AMOR" MONTBLANC EDICIÓN 2.010

Este año participé en el concurso
“Cartas de Amor”, patrocinado por MontBlanc. Mi carta no quedó entre las 10 finalistas, sin embargo no lo reciento ya que el solo hecho haber plasmado mi agradecimiento, a las “Cartas de Amor” en general, fue toda una experiencia. Me ayudó a reconocer, que por mi vida han pasado personas maravillosas de las cuales guardo lindos recuerdos y otras no tan maravillosas, pero que agradezco hayan pasado porque haberlos sobrevivido me ha convertido en la persona que soy hoy en día.


Entiendo que fue un arduo trabajo para los jueces, seleccionar solo 10 cartas de entre más de 1.100 y como bien le comenté al amigo bloguero Freddo, de eso se tratan los concursos, de concursar.


Bueno, en virtud que los 10 finalistas ya están seleccionados y que mi carta fue hecha con toda la intensión de ser pública, me valgo de este medio para cumplir el objetivo.


Espero la disfruten y a mis “Queridas Cartas de Amor” nuevamente gracias, por haberme permitido, mediante ustedes y toda su evolución, expresar mis sentimientos a las personas que he querido, que quiero y que querré.




Queridas cartas de amor:


Mi historia sin ustedes, no tendría sentido. Todo comenzó en 1.981, a mis 7 años estaba perdidamente enamorada de un niño del colegio. Por esos días ya sabía leer y escribir bastante bien, tanto que unas compañeritas me contrataron, para que les escribiera las cartas de amor para sus galanes. Gustosamente les hice el trabajito por un medio, 0,25 céntimos de bolívar. ¡Toda una empresaria!



Me envalentoné y le escribí una a mi gran amor. En ella le decía que quería que me regalara un Toronto y yo le daría un beso en el cachete. Pasé toda la tarde haciendo la carta, le pegué calcomanías de colores, le dibujé corazones, me robé una pintura de labios de mi mamá, me pinte la boca y le estampé un beso como firma.



A la mañana siguiente cuando estaba a punto de salir, mi mamá hizo algo inesperado, me revisó el maletín y como si supiera dónde estaba la prueba del delito (que aún no había cometido) me sacó la carta. Me preguntó que, qué era eso y yo por supuesto negué todo conocimiento de la cartulina de construcción rosada que me acusaba fehacientemente. El timbre estaba a punto de sonar y solo hubo tiempo para una de esas miradas a las que tanto le temía cuando era niña.
Recuerdo que era un viernes 13 de febrero y todas mis “clientas” entregarían sus cartas ese día, menos yo. ¡Estaba tan triste!



Antes del recreo las monjitas, hicieron un cateo sorpresa en todos los maletines y salieron las cartas ¡Dios! a toditas les citaron el representante. Fueron tan nobles que ninguna me acusó. Muchos años después mi mamá me confesó que me tenía pillada y conociendo a su ganado me atajó a tiempo. Eso sí, no dejó pasar la oportunidad para chalequearme, porque hasta hace poquito fue que me dio la dichosa carta y dejó de chantajearme con mostrársela a cuanto hijo de vecina pisara la casa. Chantaje chimbo, porque se la enseñó a todo el mundo igual.



El hecho es, que el destinatario de la carta nunca se enteró de mis sentimientos y me quedé con las ganas de un Toronto por un beso.

Después de eso, pregúntenme si me quedaron ganas de andar enamorándome de alguien…pues sí me quedaron ganas y muchas. Todos las semanas me gustaba uno diferente, que digo semanas, yo creo que por día, la cosa es que ellos no se enteraban.

Cuando tenía 14 años un niño lindo me pidió que fuera su novia. Él es uno de los recuerdos más bonitos que tengo, porque era perfecto, pero vivía lejísimo.



En ese entonces hablar por teléfono era todo un suplicio. Nuestros padres al lado del aparato mandándonos a colgar, después de sólo una horita de conversación ¡toda una injusticia!, además cada vez que llegaba el recibo, no había quién soportara a papá gritando enfurecido por las llamadas de larga distancia al Junquito; porque llamar al Junquito, a Guatire o a Los Teques en ese entonces eran llamadas de larga distancia.




Visitarnos era complicadísimo porque la línea 2 del metro aun no estaba operativa, por lo que las camioneticas eran la única solución, y si telefónicamente era LARGA DISTACIA, en nuestras cabezas, ir del Junquito a Caricuao era EL VIAJE. Eso hacía que las pocas veces que nos veíamos intercambiáramos sobres que parecían más bien hallacas, por la cantidad de papeles. Y qué decir de las tarjetas de cumpleaños que tenían tres y cuatro hojas como extensión para tratar de condensar lo mucho que queríamos decir.



La distancia y los nuevos intereses le ganaron la partida al niño lindo.



A los 16, el ex novio de mi mejor amiga, que ya no era su novio desde hacia tiempo, me pidió ser su novia. Mi amiga siguió siendo mi amiga, porque yo NO le había quitado el novio, es más cuando su ex novio me pidió el empate, yo le pedí permiso a mi amiga primero y como ella ya tenía otro novio, me dio su bendición y me empaté con su ex novio, que además vivía como a cuatro cuadras de mi casa. Nos veíamos todos los días en el liceo, todas las tardes en las actividades extra curriculares y en la noche conversábamos de una a dos horas por teléfono, los sábados íbamos al cine y los domingos salíamos a pasear juntos con su familia o con la mía y como aun nos faltaba tiempo para decirnos cosas, nos mandábamos sendas carta para estar juntos, cuando no estábamos el uno con el otro.



Después de cuatro años, terminamos… por falta de comunicación.




A los 21, llegó la estructura, y el amor más bonito que se le puede tener a otro ser humano, el de madre. Aprendí cada día por ensayo y error. Espero haber acertado en lo esencial, ya que en lo que es la estructura tradicional, ha sido toda una experiencia para mí. Las cartas se escriben casi a diario y tal vez un día lleguen a su destino.



A los 29, me llené de valor y le di una nueva oportunidad al amor de pareja. Eso fue una brisa fresca que me enseñó que las lágrimas también pueden ser de felicidad. Tenía tanto miedo de decir las cosas que sentía, que las escribía y se las dejaba en el cajón de su ropa. Pero fue sólo eso una brisa. Tal vez sus expectativas eran muy altas y yo aún no me recuperaba de esa etapa previa de mi vida cuando no había cartas de amor, sino firmas de papeles legales.



Yo aún tengo fe en los sentimientos. Recientemente le dije a alguien que me gustaba por un correo electrónico y por medio del chat me dijeron “mi melocotón” espero que no haya sido por peluda.




No sé en qué pararán estas misivas o si habrá alguien que aún no conozco con quién intercambiaré futuras cartas, lo que sé, es que yo les estoy agradecida por haberme acompañado a través del tiempo, QUERIDAS CARTAS DE AMOR.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Querida amiga:

Tu carta me gustó mucho.

Como bien dices los concursos son para concursar, no sé cuales serían los criterios, pero yo colocaba entre los 10 finalistas.

Carlos
Anónimo ha dicho que…
Amiga!

Que bonito poder decirle a la gente que uno la quiere.
Pasamos tanto tiempo teniendo miedo a ser heridos por expresar nuestros sentimientos.
Esta sociedad enseña que si abres tu corazón es porque eres débil.
Yo creo que decirle a alguien que lo quieres sin importar el final de la historia es ser valiente y seguir creyendo en la sinceridad es ser fuerte.
Como mujer me veo reflejada entre tus líneas.
Besos.

Ana
Nyna K. ha dicho que…
Ana, Carlos, muchas gracias por sus palabras.

Ustedes forman parte de esas personas a las que quiero mucho.
Anónimo ha dicho que…
Me gusto mucho tu carta .Ultimamente yo tambien escribo muchas cartas que seguramente nunca lleguen a su destinatario,cosas del desamor.Pero me siento muy identifacada con algunas cosas que cuentas.Gracias y un saludo desde España.
Nyna K. ha dicho que…
Gracias por tus líneas.

Bienvenida a esta ventanita virtual.