EL SUEÑO DE LA RAZÓN


Me encontraba allí, con esa rara sensación de que algo no estaba bien.

Hacía mucho frío en ese lugar y parecía todo tan artificial. En el interior de la estructura había mucha luz…luz artificial, mientras, que tras las ventanas, la oscuridad se tragaba todo.
Los hombres que se encontraban en la habitación, vestían finos trajes y sus cabellos largos, recogidos en una discreta cola de caballo, los hacían ver muy ejecutivos.

Mi madre, hermosa y elegante, llevaba un traje azul celeste que la hacía ver como una emperatriz. Bueno, eso era en realidad, la emperatriz, de no se sabe dónde, con quién los hombres de la habitación hacían negocios.

Decidí explorar el exterior, sentía la necesidad de saber, ¿no sé qué?, pero quería saber. Así que salí de la habitación y caminé por el pasillo circular. Vi otra puerta que se encontraba abierta, en el interior de la habitación había una mujer con un recién nacido en brazos. En este lugar hacía mucho más frío, porque una ventana estaba rota y la brisa del exterior era tan fuerte, que se podía escuchar el silbido del viento como si fuera la voz ronca de un hombre.

Es la voz del enfermero de las tres de la mañana, podría reconocerla hasta entre sueños, pero ahora es de día. Él coloca algo en la vía que me mantiene conectada al vicio por el que entré aquí. Mami pensó que este lugar era lo mejor para mí. Ella dice que soy mala. Le prometí que no lo haría más, le supliqué, pero no me escuchó.

La primera vez que lo hice fue cuando él se casó con ella. Al principio sentía, pero después estaba siempre cansada, hasta para estar triste. Creo que la idea de meterme aquí era, que sintiera algo. Y sí siento; la respiración de él cerca de mi cara. Estoy amarrada así que, sólo puedo cerrar los ojos y desear estar en otro lugar.

El exterior seguía siendo muy oscuro y fue cuando me di cuenta que me encontraba a gran altura del suelo, así que salí, dejando atrás esta imagen para llegar nuevamente al pasillo circular. Allí había un par de maletas, negras, gigantescas. No tenía idea de su contenido, pero sentí la necesidad de cogerlas.

Quise tomar el ascensor, pero la estructura comenzó a moverse; parecía un temblor, la puerta de uno de los ascensores estaba obstruida; y el otro las tenía abiertas, de par en par, pero el interior se bamboleaba de tal forma que para entrar en él, tendría que saltar con mucha precisión para caer dentro.

Tras de mi estaban las escaleras, que bajé de manera apresurada y sin control. Me saltaba escalones mientras los movimientos de la estructura se intensificaban, podía escuchar crujir las paredes y el ruido de la tierra en movimiento. Mientras saltaba los escalones comencé a sentir calor y mientras más descendía el calor se intensificaba, me atrevería a decir que había fuego en algún lugar.

Siempre me arde, pero a nadie le importaba. La última vez que mami vino, estaba despierta y le conté. Ella gritó, me dijo que sólo quería salir de allí, así fuera perjudicando a pobre gente trabajadora. Papi me hubiera creído, él sí me escuchaba… bueno antes de ella.

Él es muy cuidadoso con su trabajo. Se toma su tiempo, hace lo suyo y luego deja todo igual. Hasta las horrendas flores que mami me trae, a él tampoco le gustan. Una vez las iba a botar, pero se arrepintió, como lo lamenté. Creo que pensó que era mejor, para que nadie se diera cuenta que había pasado por aquí. Claro a las tres de la mañana no hay mucho movimiento. El día sí es más agitado, a pesar de los tranquilizantes.

Cuando al fin llegué al primer piso, me di cuenta que no tenía conciencia de cómo había llegado a ese lugar en un principio.

El último escalón se encontraba a nivel del suelo y el suelo era puro lodo. Realmente no quería ensuciarme pero tenía muy claro que mi objetivo era salir de esa estructura al mundo exterior para saber; así que respiré profundamente. El lodo me daba un poco más arriba de la cintura y aunque traté de levantar las maletas tanto como pude, me fue imposible evitar que se ensuciaran un poco. A medida que avanzaba, la altura del lodo disminuía y para cuando llegué a la salida me percaté de que la tierra no temblaba desde hacía rato y que las maletas ya no estaban.
El aspecto del lugar era extraño, pero agradable. Frente al edificio pasaba un río ancho, de agua turbia, como cuando llueve. En las orillas estaban estas flores gigantescas que parecían crisantemos de color marrón, pero de pétalos resecos.

Mami dice que la belleza no está en cómo te ves, sino cómo te sientes. Nunca lo he comprendido, ella siempre está furiosa, pero se ve bella. Yo quisiera ser así, pero no puedo, no nos parecemos ni un poquito. Ella dice que hay gente especial que tiene una “rara belleza” y que las flores que me trae son la mejor prueba.
Lo único bueno de estas horrendas flores, es que cuando están marchitas ella viene a visitarme y hoy están más feas que nunca. Hasta él se dio cuenta, las movió de lugar para no verlas mientras hace lo suyo.

Me pareció ver que algo se movía, no estoy segura si fue en el río o en la orilla, pero me quedé atenta a ver si ocurría otro movimiento y así fue.

No sé exactamente de dónde salió esta criatura, su cuerpo estaba cubierto totalmente de cabellos, largos, muy largos, llegaban al suelo y no se podía distinguir su cuerpo, facciones, nada; era una mata de pelos color castaño claro.

Esta criatura se me acerco y hablo conmigo, pero no con palabras, sino con pensamientos, me contó que los hombres que estaban con mi madre, mentían para conseguir lo que fuera.
Eso es lo que habían hecho con él, le ofrecieron cosas que nunca cumplieron, y cuando ya no les fue de utilidad lo desecharon.

Entonces comprendí que lo que yo quería era llegar a la verdad. No era suficiente, mi madre debía saberla también.

El enfermero dice entre jadeos que es un desperdicio tener alguien tan rica como yo, aquí. Tonto, piensa que tengo dinero. Cuando papi murió no me dejó nada, quedé sola, Bueno sí me dejó algo, una mami para que me cuidara

Cada vez que viene me pide que firme algunos papeles y siempre dice que es para que viva mejor. Ella dijo que ya no firmaré nada, que ahora sólo vendrá para verme a mí. Un día me va a sacar de aquí. Porque sí me quiere, a pesar de todo.

Al final del camino ligeramente encharcado, venía mi madre, acompañada de estos dos hombres. Hermosa, vestida de justicia ahora de color blanco y negro, ella caminaba y parecía que flotaba, ni sus pies, ni su vestido tenían salpicadura de lodo, era perfecta, etérea, pura. Cuando llegó a mí quería decirle todo, pero las palabras se atropellaban y me desesperaba no poder explicar con coherencia lo que esta criatura me había dicho. Sin embargo ella me entendió, les dirigió una mirada reprobatoria a los hombres que la acompañaban.

La droga de hoy es diferente, me hace sentir más débil que de costumbre, creo que él se dio cuenta y por eso está tan nervioso. Murmura maldiciones, dice que sabía que no podía confiar en mami. Por eso le pidió que cambiara de horario, para que lo vieran salir de la habitación. Que mejor no le hubiera aceptado ni un billete ¿Ella le pagaba? Realmente no tenía intenciones de sacarme de aquí ¿Después de todos los papeles que le firme? Ella nunca me quiso. Tengo tanto frio y esta rara sensación.

Los embaucadores fueron descubiertos y deben pagar el daño que le hicieron a la criatura.

Pero la verdad eso a mí no me importa, yo ya sé la verdad y me siento aliviada.




Cuento publicado en el blog del club de lectura:
http://lunesdelectura.wordpress.com/2011/01/07/el-sueno-de-la-razon/

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