EL JUICIO


-¿Y Gabriel? –

Pregunta la abuela

-Está en París, se casó y tiene un bebe precioso-.

-Ese muchacho sí era lindo y educado, perdiste tremenda oportunidad. Te hubieras casado con él y estarías en Europa-.

Una sonrisa congelada, a las abuelas no se les contradice.

Gabriel era lindo, sí, pero ella quería desesperadamente algo más de la vida.

Hace seis años lo vio en un centro comercial. Se saludaron, conversaron un rato y al despedirse le dijo

-Sí me hubieras dicho algo, pedido ayuda, a pesar de todo, te hubiera aceptado con tu error-.

Sólo atino a sostenes una sonrisa de compromiso. Demostrar exaltación no es digno de una dama.

El sábado pasado fue a la manicurista con su mamá y entre la conversación salió a colación el tema de la vivienda, expropiaciones, costos, constructoras, usura y lo afortunadas que han sido todas al tener buenos maridos que les han dado sus hogares.

Entonces ella comenta, que está a punto de comprar su apartamento, al este de la ciudad. Una de las señoras del salón le pregunta a la madre

-Pero no me habías contado que te mudabas-

-Pues no, ella se quiere mudar SOLA, ¿qué te parece?-

Un silencio incómodo y de nuevo la sonrisa diplomática ante la mirada detractora de las demás.




Cuento publicado en el blog del club de lectura:


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