DE CARTAS Y BESOS



No lo puedo evitar, es imperioso compartir esta carta, (que me encontré en otro blog) no en Facebook, no en Twitter sino compartirla aquí; para leerla una y otra vez. Para no olvidar que siempre se puede aprender, que siempre se les puede enseñar.

Carta a un hombre que le hace sexo oral a su mujer

Hombre:

“Sé que a tu esposa, novia o amante le fascina el sexo oral, tanto hacerlo como recibirlo. Y por eso te escribo, especialmente para hablarte sobre tu lengua, tu boca, tus dedos y tus sentidos ahí, a donde a la mujer le gusta que estés.

Ante todo debo decirte que hay que tener paciencia, mucha, tal como una araña pero aquí hay que tejer con sensibilidad y con un instrumento poco usado en la vida cotidiana, la lengua o por lo menos eso es lo que nos parece. Ten paciencia, en algunos casos da para largo y en necesario estar cauto y bajar ansiedades.

Escuchad su cuerpo. Es tan fácil como necesario. Mientras tu lengua actúa como debe y se mueve de arriba abajo buscando su lugar más sensible, su punto de placer hay todo un cuerpo que también siente: Una boca que gime, una piel que se eriza, un par de piernas que tiemblan, gotas de sudor que caen, ojos que se abren y se cierran, respiración intermitente, manos agarrotadas y un vientre movedizo y expectante. Así es, tu lengua puede hacer todo eso si te lo propones… y eso no es todo.

No debes cansarte, tienes que saber descansar tu lengua cuando esta se sienta agotada, la suavidad y el roce mínimo es importante cuando esto sucede. Pero acuérdate que nunca, pero nunca debes parar, ella te lo agradecerá y muy bien.

Hay quienes se encuentran con mujeres muy húmedas o muy secas, cada mujer es un mundo pero si te dedicas con paciencia (no te olvides), tranquilidad y placer vas a poder conocerla y acabar de la mejor forma: Ambos húmedos llenos de transpiración, fluidos y saliva. Ahora bien, si la lengua sigue disfrutando su órgano al fin y al cabo sucederá lo que ella está deseando casi a gritos y tú debes estar atento a ese momento, al segundo antes de la tempestad, oler la lluvia y no abrir el paraguas sino regar sin intermitencia, no moverse del lugar del placer, acelerar con la suavidad de la lengua y hundirse en su goce, mojarse de ella sintiendo como lo disfruta.

Generalmente en el momento de acabose sus piernas tiemblan de manera diferente, su gusto cambia, sus gemidos son escuchados por la vieja de arriba, sus manos la despeinan, sus ojos se cierran aun mas, su vientre explota y tu boca lo siente porque nunca pero nunca debes salir de ahí hasta que ella te lo pida. Y ahí, cuando todo termina te sentís solo, pero una soledad rica, mirando un cuerpo desnudo, agotado y relajado gracias a esa pequeña lengua que hasta ahora usabas solo para hablar.

Y así acabas, un poco cansado, transpirado, encorvado, y sucio pero feliz por que cuando el trabajo se hace satisfactoriamente y ves dicho regocijo en el rostro del otro sabes que nada fue en vano agradeciendo el estoicismo que tuviste como nunca en tu vida. Todo sea por un buen y jugoso orgasmo no fingido. Ahora debes saber lo último: Esto se hace adictivo y te lo pedirán muy seguido, por lo tanto, a entrenar esa lengua que tu mujer te espera.”

Del blog: episodiopsicotico.wordpress

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