SEÑOR SUERTUDO, (Y SE CAYÓ DE LA CAMA)







Saben que generalmente, no uso este espacio para contar cosas personales. Suelo jugar a que escribo, suelo jugar con ese lado sensual que todos tenemos. Me gusta pensar en el romance, la muerte, lo sexy, lo gótico, lo fresa y lo doloroso; y tratar de plasmar algo de eso aquí, pero…Debo contarlo ¡debo decirlo! Por mi sanidad mental y para dejar de reírme de mi misma. Aun a costas de que ningún hombre me invite a salir nunca más.

Sé que no soy perfecta. Un poquito compulsiva con el orden (en los demás), dormilona, lenta para hacer las cosas, terca y muy necia. Con mala ortografía y miope reincidente. Seguro tengo muchos otros defectos, pero si algo no soy, es descortés.

Realmente nunca (hasta ahora, no sé después) me he puesto en plan de villana de telenovela mexica a pensar cómo humillar a alguien (no es que las villanas de telenovela de Venezuela no sean malas, pero honestamente las mexicanas ganan).

Tampoco, es que soy una niña pura y angelical. Aclaremos las cosas, yo me porto bien, hasta que después de muuuuucho joderme, me hacen arrechar y se me sale la loca.

No la de Shakira, sino la que le bota, toda vaina al 2° ex, por la ventana, porque que se le parece en el apartamento con una carajita. Justo cuando se ha sacrificado y arrastrado hasta lo indecible, para tratar de salvar su relación (porque una siempre piensa, que es una, es quien debe salvar lo insalvable, aunque no valga la pena).

O como cuando se te termina la paciencia y los consejos de tu mamá de, “ignórala” ya no hacen efecto y le pides a unos cuantos amigos, que a la señal, rodeen a la muchachita del colegio, que te tiene a monte y le hagan una pita en el medio del patio. (Sí bueno, tenía 12 años y fue lo más cruel que se me ocurrió, además eran otros tiempos. El cable no existía y sólo me dejaban ver Candy Candy. Pero la susodicha me dejo de joder, así que fue efectivo).

Es que esa es la cosa, no me gusta hacer sentir mal a nadie, no me gusta que me hagan sentir mal a mí. Pero difícilmente enfrento las cosas en su momento y la ira se va acumulando. Lo sé debo trabajar en eso.

Por eso, hoy, estas líneas son para hacer catarsis. Para decirles a todos esos cromosomas “Y”, que se creen una gran vaina y que no llegan ni a estuche de navaja, que me dan lástima.


Tengo por regla general, no mezclar el trabajo con lo personal. Sin embargo en estos días, uno de mis asegurados me presentó a un amigo suyo. Un señor en la edad dorada. Súper simpático, con unas historias de vida interesantísimas. La lluvia se hizo cómplice y al no poder salir del lugar conversamos un buen rato. Total, que al momento de la despedida, el abuelito me invitó a seguir la conversación al día siguiente con un almuerzo.
Casi nunca acepto invitaciones de gente, que no conozca mínimo desde hace 1 año. Pero pensé por unos segundos, ¡Qué cajo! Ya ni al cien voy. Así le acepte la invitación.

Al día siguiente, almorzamos en uno de los restaurantes que me encantan. Estábamos al pie del Ávila, rodeados de naturaleza, guacamayas y comida espectacular. La conversación fue divina, sus experiencias de vida enriquecedoras. La lluvia se presentó de nuevo y nos acompañó mientras tomábamos manzanilla, yo le contaba del pasado de mi familia, las excursiones por el Ávila, así como de los hallazgos y aventuras que he tenido en esa montaña extraordinaria.

Cuando escampó, nos fuimos en su auto. Pensaba yo, que habíamos culminado una tarde maravillosa. Pero nooooo, el señor se desvió en el camino e intentó entrar a uno de los pocos moteles que no han expropiado en nuestra ciudad.



Hace diez año, lo hubiera abofeteado. Me hubiera bajado del auto furiosa, le habría gritado “Qué se cree, viejo verde” o “Valgo más que un plato de comida” o “¿Acaso tengo cara de puta? Para que me venga a cobrar el almuerzo”. Pero no, ya no soy así.

Le tomé la mano, justo cuando iba a cambiar la velocidad y le dije:
-Me halaga que haya inspirado estas intenciones en usted, pero NO-.
El señor puso cara de ponchado e intento forzar la situación
-Yo pensé que podíamos escuchar musiquita, rico en un lugar tranquilo-
A lo que respondí
- Si bueno, podemos escuchar música, en otro lugar si quiere, pero no aquí-.

Dio la vuelta y aun sin resignarse, me obligó amablemente a tomar otro té en una panadería que estaba frente al motel. Tal vez tenía esperanzas de que cambiara de opinión.
La lluvia insistía, como el viejito, hasta que al escampar le pedí que me dejara en la estación del metro más cercana.
Se despidió diciéndome que “INVENTARA” más historias, para contarle la próxima vez que lo viera (¿me dijo mentirosa?) y me pidió permiso para llamarme el lunes siguiente.

El lunes siguiente me llamó y sus palabras fueron estas:
-Yo atiendo a todo mi harén-
El resto fue una fuerte interferencia en mi cerebro ¡YA!
Si bien me regresé a mi casa riéndome de la osadía del viejito, esto ya era demasiado. No sé muy bien qué le dije, algo de que yo no pertenecía a ningún harén o algo así.

La cosa es, que ¡ni con los años! Las tonterías de los hombres NO tienen remedio. El galán de pueblo, será galán de pueblo siempre, así el cabello plateado le invité a la tranquilidad. El feo, el gordo, el gafo, el vulgar, el pela bola, el ignorante, el ególatra, seguirán pensando que son la última Pepsi Cola del desierto. Serán y seguirán siendo toda su vida los mismos tontos que alejan a mujeres de verdad, por su falta de cortesía y de normas elementales de educación.

Antes, me hubiera arrechado, pero ahora siento una profunda lástima, por ellos. No me importa mucho, lo que piensen de mi, sus fantasías son asunto suyo. Lo triste es ver como desperdician su vida en encuentros fugaces y dejan que lo importante de la vida se les vaya entre los dedos.


Hace algunos días escribí en Facebook “no es que las mujeres seamos exigentes, es que los hombres han desmejorado su calidad”, hoy me corrijo, los hombres no han desmejorado, es que no han evolucionado.

Lo triste es, que siento que la vida me defrauda con tanta gente vacía en mi entorno, cuando lo que quiero para mí es otra cosa.


Fíjense, el loquito que me invitó a una "pieza" con todo y lo torpe tenía el cielo ganado conmigo y aun así me dejó ir, por creerse un rockstark.


Seguiré soñando, seguiré escribiendo, seguiré esperando al señor suertudo.





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