"Podemos comparar
los rituales que se vienen practicando desde siempre en todo el mundo en las
distintas religiones y sistemas de magia, pero siempre contienen un elemento de
sangre. ¿Por qué? Sé que los seres humanos no pueden vivir sin sangre, por
supuesto; sé que «la sangre es vida», según dice Drácula; sé que la humanidad
habla a gritos y en murmullos sobre altares cubiertos de sangre, y sobre baños
de sangre y parentescos de sangre, que la sangre exige sangre, y sobre la
pureza de la sangre. Pero ¿por qué? ¿Cuál es el vínculo esencial que une a esas
tradiciones y supersticiones? Y ante todo, ¿por qué Dios desea sangre?
La sangre
constituía una parte esencial del candomblé. Y también de los ritos auténticos
del vudú.
El Dios del
sagrado sacrificio de la misa exige sangre, y la crucifixión se considera uno
de los sacrificios de sangre más importantes de todos los tiempos. Pero ¿y los
otros dioses, los dioses de la antigua Roma para quienes era necesario que se
derramara sangre en la arena del circo y sobre el altar, o los dioses aztecas
que seguían exigiendo sacrificios humanos a cambio de gobernar el universo
cuando los españoles desembarcaron en sus costas?"

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