Morir
bajo la lluvia es chimbísimo, no te das cuenta si el frío es por la pelona o
por clima coño e´madre. Además, dependiendo de cuanto dure la lluvia, te
consiguen más tarde o temprano.
Dígame
si la vaina es de noche, peor. Ni
siquiera puedes ver bien el sitio, donde exhalarás tu último aliento. No puedes
llevarte la foto en la retina.
Cómo
llegaste allí, no es lo importante, esa es otra historia. La cosa es, ese
instante, temido o deseado, pero determinante.
Morir
bajo la lluvia, es morirse mojado. Con dolor de cabeza, sintiendo agujitas
frías clavándose en el cráneo, preguntándote ¿por qué? ¿por qué coño aquí?
¿quién me mando? A menos que así lo hayas planificado y sin embargo, en esos
últimos minutos como que te arrepientes. Morirse arropado es sabrosito. Por lo
menos no te llevas esa desagradable sensación de la ropa pegada al cuerpo, como
un chicle que ya perdió el sabor y la contextura, pero que sigue allí entre los
dientes.
Si
el cuerpo en agonía cae en concreto, la lluvia lava la inmundicia que antes
estaba allí, pero si cae en la tierra, casi puedes saborear la mierda de perro, el miao
de borracho acumulados en ese rincón
nefasto.
En
rincones también es malísimo. En rincones y bajo la lluvia es casi un pasaporte
a no ser encontrado. A menos que algún pordiosero busque escondite y
seguramente tomará el cuerpo como el de un colega y ni te prestará atención.
Si
es un jíbaro, ni por el coño va a avisar que el cuerpo esta allí, es más, pese
a la lluvia, se tomará el tiempo para revisar los bolsillo, la posibilidad de
encontrar plata o algo valioso, bien vale la mojada.
Y
mientras, el cuerpo empapado y empichacado
se queda en ese hueco esperando, quién sabe qué, pero esperando.
Caerse
en un hueco y morirse adentro, es mala leche. Y hacer lo mismo bajo el palo de
agua, es la muerte en total desorientación. Ir en el aire sin comprender los primeros segundos, sin poder ver el
fondo, porque el agua te ha empañado la vista. Sentir el coñazo contra el piso,
mientras que la cabeza suena como un
coco al partirse, es sólo comparable con que se te meta el agua por los oídos o
por la boca con el salpicón y sientas el sabor de la sangre aguada, mezclada
con tierra. Sumémosle la noche, algo de alcohol y tal vez unos una vigas de construcción al hueco. Que chimbo
morirse así.
Hay
muertes más bonitas, poéticas. Envenados como los amantes de Verona o en duelo
como algún espadachín, hasta tosiendo sangre como la Margarita, es más bonito
que morir empapado, con las medias hinchadas y el frio en los pies; que dicen
que la cosa esta cerca, pero no es seguro, porque tal vez sea sólo el clima y te
vas a tardear un mundo en morirte.
Cuando
el agua cae del cielo, hay una sensación de ahogo. Entonces, si te dieron un
tiro o te apuñalaron o si te caíste en un hueco, te mueres dos veces. Porque no
sientes la herida, lo que sientes es el agua, te duele respirar y te resistes a
tragarte el líquido, porque no quieres quitarle el protagonismos al
fallecimiento originario. No es igual ahogarse y listo que darte un mamonazo y
terminar bajo la lluvia.
¿Qué
dirá la autopsia? ¿En algún lugar dirá
que estaba lloviendo el día de tu muerte? ¿Y si te mueres porque llovía?
¿Escribirán eso en el acta de defunción? De repente el informe se convierta en
una novela y algún creativo estrasnochado se invente toda la historia de tu
vida y de por qué llegaste allí, bajo la excusa de la lluvia. Mientras tanto, tú, el protagonista del acontecimiento, te mueres jodidamente mojado e
incómodo. Pasando frío y arrechera, si es que aun sientes algo, porque en tu
última foto vas a aparecer con los pelos choreados y la ropa empantanada.
Bueno, eso si es que te encuentran y te hacen una informe forense como Dios
manda.
Hay
muchas otras razones para no morirse bajo la lluvia, pero ya escampó y no tengo
tiempo para describirlas. Debo terminar de
una vez, porque sino, no sería una muerte bajo la lluvia.