SOÑÉ QUE ME BESABAS




Estábamos hablando, no recuerdo de qué. El azul del cielo era bello. El sol daba un calorcito divino. Estábamos en la azotea de un edificio. Desde allí podía ver las azoteas de otros edificios.

Yo hablaba y tú me mirabas con atención. Entonces, y sólo recuerdo esa frase, te dije que eras el ninja de tu último libro hecho realidad y comenzamos a reír como locos. Los ojos se me cerraban de tanto reír, el diafragma me dolía. Era una risa diáfana, liberadora. Tus dientes blancos, se veían sanos y hermosos, aferrados a tu encía, la cual se mostraba sin pudor junto al cielo de tu boca con cada carcajada que soltabas.

De pronto, así, sin aviso, como debe hacerse en estos casos, me besaste la boca. Abrí los ojos sorprendida ¿Tú me besabas? Inhalé profundamente ¿Pero si apenas hemos conversados dos veces en persona? Relajé mi cuerpo ¿Pero si lo más que hemos compartido son “Like” en alguna red social? Pasaste tus brazos alrededor de mi cintura ¿Si ni me gustas, ni yo te llamo la atención? Cerré los ojos ¿Si el único momento en el que hemos estado a solas tú y yo es en este sueño? Abracé tu espalda ¿a cuenta de qué esto? Y respondí tu beso.

Profundo, sentido, lleno de afecto. No era lujurioso, más bien fue tierno y arriesgado. Un beso, como hace tiempo no he recibido, como hace tiempo no he dado uno. La sensación no se quedó sólo en la boca, pasó al pecho. Sentí latir el corazón aceleradamente. La emoción me tenía atrapada y no quería zafarme.

Separamos nuestros labios, pero nuestros cuerpos quedaron unidos en un fuerte abrazo. Apoyé mi cabeza en tu pecho y tus brazos me rodearon, hasta casi fusionar nuestros cuerpos.  Nos quedamos así, sin decir una palabra.  Escuchaba tu corazón recuperando el ritmo, tu cuerpo se relajaba y el calor regresaba a tu piel.

Alguien me llamó, volteé buscando con la mirada de dónde me llamaban, pero no vi a nadie. Cuando regresé la vista hacia ti, todo se fue desvaneciendo alrededor.

El vuelco del corazón duro el resto del día. Me sentí llena de energía, con ganas de hacer cosas. Busqué tu foto en la web y miré largo rato tu rostro. ¿Por qué contigo? ¿Será porque nos vimos de lejos hace unos días? ¿Será  que la lectura de ese libros de Rafael López Pedraza “De Eros y Psique” me está trastornando? ¿Por qué tú? ¿Será una transferencia? ¿Será qué te asocio con quién me rompió la boca de tantos besos, así como el corazón cuando descubrí su falsedad?

Coloqué en el buscador de la web “ soñar con besos robados”  y decía “se tejen intrigas o habladurías sobre ti”.

La sensación sigue allí. La del beso, no porque era tuyo, sino porque era un beso divino, profundo, que reavivó mi corazón. Regresa esta noche por favor, bésame otra vez, así como ayer. Que las habladurías se desaten por cualquier cosa, por estas líneas, por adivinar quién es ese antiguo besador y quién eres tú. Que digan lo que quieran, menos que dejé de ser feliz por tus besos soñados. 

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