LA MALA MUJER





LA MALA MUJER

Un hombre y su esposa, atravesaron un campo recientemente cegado, mientras viajaban de una ciudad a otra campo:

- Mira, mujer, qué bien está segada la hierba de este campo.

-¡Eres ciego! – contestó la mujer. - ¿No ves que el campo no está segado sino cortado con tijeras?

-¡Vaya idea! – dijo el marido.- ¿Cómo van a cortar la hierba con tijeras? Fíjate bien y verás que está segada.

Y así, el hombre empeñado en demostrar que la hierba estaba segada y la mujer que estaba cortada, llegaron a una disputa muy seria.

El hombre insultó a la mujer y hasta le pegó.  Entonces ella se paró en mitad del camino, aproximó a los ojos de su marido dos dedos, moviéndolos como se hace para imitar una tijera cortando y se puso a gritar:

-Cortado…cortado…cortado…

Prosiguiendo su camino, sin fijarse por dónde andaba, pues su atención estaba ocupada en mover los dedos ante los ojos de su marido, la mujer cayó de repente en un pozo cubierto con hierba y comenzó a hundirse en él. El marido la vió entrar cada vez más profundamente y con la rabia que en ese momento le invadia, siguió caminando y dijo irónicamente:

-Lo tienes bien merecido.

Llegó a su casa y se acostó tranquilamente, pero al día siguiente pensando en el suceso de la víspera, el hombre tuvo remordimientos de conciencia y decidió encaminarse hasta donde estaba el pozo, para salvar a su esposa, si es que estaba aún con vida.

Llevó consigo una cuerda muy larga y la tiró al pozo en el que se había hundido la mujer. Le lanzó la cuerda y le gritó que se agarrase bien, cuando sintió su peso, comenzó a tirar. Al instante, emergió del pozo un cuerpo. El hombre se sorprendió, al ver que en lugar de su esposa era un diablo lo que salía; con la mitad de la cabeza blanca y la otra mitad negra. El hombre se asustó y quiso soltar la cuerda, pero el diablo le grito:

-¡Ten firme la cuerda, hermano y sálvame! ¡Si no quieres dejarme con vida, mátame, pero primero sácame de aquí!

El hombre se compadeció del Diablo y lo salvó.

Al salir el Diablo le preguntó, qué era lo que buscaba en el pozo y el hombre le confió que su mujer había caído en él y que había ido a  buscarla.

-Por Dios, hermano- exlamo el Diablo; - ¿Esa es tu mujer? ¿Y tú has venido a sacarla del pozo?
Yo caí allí hace tiempo. Al principio fué dificil vivir en ese lugar, pero, poco a poco, me fui acostumbrando. Más desde que esa mujer está abajo conmigo, he sufrido un verdadero martirio. Su maldad es montruosa. Me arrinconó en un ángulo del que no podía moverme. Mi cara se  ha vuelto blanca del lado que ella miraba… Si crees en Dios, ¡déjala abajo! Para recompensarte por haberme salvado, te haré feliz.

Entonces arrancó de la tierra dos hierbas y las entregó al hombre:

-Toma estas hierbas y guárdala. Dentro de poco oirás que la hija de un rey está poseída por un demonio. Será obra mía, no lo dudes. Ningún médico podrá hacer nada por sanarla y yo no la abandonaré hasta que tú llegues. Finge que eres médico, ve al palacio y dile al rey que puedes curar a la princesa. Cuando estés frente a ésta, quema las hierbas. Yo me marcaharé y la princesa quedará curada. Verás cómo el rey te concederá la mano de su hija en premio.

El hombre guardó las hierbas y ambos se separaron por distintos camino.

Poco tiempo después, tal como lo vaticinó el Diablo, la hija del rey fue atacada por una extraña enfermedad que ningún médico, ni aun los más sabios, podía curar. Llamron a una adivina y esta les dijo que el un Diablo se había metido dentro del cuerpo de la princesa.

La noticia corrió por toda la ciudad y el rey hiso publicar un bando por el cual se comprometía a conceder la mano de su hija a aquel que lograra curarla.

El hombre cogío la bolsita de las hierbas y fue al palacio, diciendo que él podía devolver la salud a la princesa en contados minutos. El rey en persona lo acompañó hasta el aposento donde se hallaba su hija. Al entrar, el falso médico, vió a muchos doctores verdaderos, que se devanaban inútilmente los sesos en busca de la medicina que curara a la regia enferma.

-Que salgan todos de esta habitación- dijo el hombre, - y veréis qué pronto desparece la enfermedad cuando la princesa aspire el humo de mis hierbas mágicas.

Fueron marchándose los médicos a ruego de la propia reina, mientras el falso médico se acercó a la enferma, desde dentro de la cual habló el Diablo, diciendo:

-¿Eres tú hermano?

-Yo mismo - contestó el finjido galeno.

-Pues quema tus hierbas y yo me marcharé en el acto. Pero te advierto que no debes cruzarte más en mi camino; aunque oigas hablar de otra persona que esté poesída por el demonio, debes abstenerte de intentar curarle.

El hombre sacó las hierbas de la bolsa, las quemó ante la joven princesa y el Diablo se alejó inemdiatamente, recuperando aquella su salud.

La alegría de los reyes no conocía límites al ver a su hija restablecida. Abrazaban y besaban por igual, a ella y a su salvador, al que invitaron a permanecer en el palacio hasta el día en que celebraron las bodas, de acuerdo con la promesa que hiciera el rey.

Pocos días después, la princesa y el falso médico se casaron. El rey les dio la mitad de su reino para que gobernaran junto con él.

Al cabo de cierto tiempo, corrió la voz de que la hija de un rey vecino estaba  poseída por un demonio. Buscaron por todas partes doctores que pudieran curarla, pero todos fracasaba. Finalmente, alguién le dijo al rey, padre de la enferma, de la milagrosa curación de la otra princesa. Entonces el soberano del país vecino, envió un emisario, rogándole al otro rey, que enviara al médico que había llevado a cabo la milagrosa curación.

El rey recibió cordialmente al emisario, pero cuando comunicó el mensaje a su yerno, éste recordó lo que el Diablo le había dicho; y no queriendo malquitarse con él, se disculpó diciendo que ya había abandonado el arte de curar, y que ya no sería capaz de hacerlo.

Al padre de la enferma no le satisfizo esta contestación, por lo que amenazó con invadir al país vecino, si el rey no obligaba al médico que había curado a su hija, que hiceira lo mismo con la suya.

Asustado por la amenza, ya que no poesía fuerzas suficientes para combatir a su vecino,el suegro del falso médico lo llamó y le hizo ver el peligro en que ponía su país, en caso de negarse a intentar la curación de la otra enferma.

El falso médico escuchó a su suegro en silencio y después de pensar unos minutos le dejo al rey que estaba dispuesto a partir hacia el país vecino.

Algunos días después, tras haber sido recibido por el propio rey, se le llevó a la habitación de la enferma, dónde rogó que le dejaran solo con ella.

Cuando todos salieron de la habitación, el hombre se le acercó a la princesa, entonces el Diablo habló por la boca de está:

-Eh, hermano- dijo ¿Qué haces aquí? ¿ No te dije que nunca vinieras al lugar donde me hallara?

-Me acuerdo perfectamente- contestó el otro con naturalidad- Pero el caso es, que no he venido a desalojarte del cuerpo de esta princesa; sino a advertirte, que mi esposa logró salir del pozo en donde había caído. Ella me busca, pero eso no me inquieta en lo absolutor. Temo es por ti, de sólo pensar en lo que te va a ocurrir cuando te encuentre, por no haber permitido que la sacara del pozo.

¡Caramba!- gritó el Diablo, - ¿Tu mujer está en libertad?

Y saliendo del cuerpo de la princesa se arrojó a través de una ventana. Corrió hacia el mar, se zambulló en sus aguas y núnca más se volvió a saber de él.

Así consiguió el hombre, curar a la hija del rey vecino y evitar una guerra segura,  gracias al terror que infundió la mala mujer, que espantó hasta al mismo diablo. 

De la selección “Cuentos de Hadas Yugoslavos”

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