EL AMANTE



Hay libros, películas, imágenes indispensables en nuestra formación. Esas que nos marcan accidentalmente o que debemos buscar hasta los confines de la tierra para sumar a nuestro collage psicológico.


EL AMANTE

Marguerite Duras, nos cuenta la desfloración física y emocional de una  quinceañera francesa nacida en Indochina.  No hace falta saber el nombre de La Niña, para comprender que la base de la trama tiene detalles biográficos de la autora. 
Una novela melancólica, falsamente ingenua, que lleva por los caminos de la iniciación sexual, de forma impúdica. Desde una mirada minimalista, La Niña comparte el odio, temor y placer  de lo que le acontece, sin pudor, indiferente a la sociedad y a la familia.
Un hombre chino, rico, de 27 años, toma por amate a una joven francesa, blanca y pobre. Un vuelta de tuerca en la que la inocencia termina siendo del menos indicado.
La narración es irregular, va salpicando de presente, de recuerdos y del futuro que será como consecuencia de esas tardes de sexo ininterrumpido y sin apegos (por parte de uno de ellos) en aquel apartamento inmerso en el estrépito de la ciudad. A veces la historia la cuenta la protagonista desde sus reflexiones y otras desde la distancia, como si sólo fuera espectadora.

Es una novela que despierta sentimientos contradictorios, digna de ser leída una y otra vez.  Galardonada en 1.984 con el prestigioso premio Goncourt. Llevada a las masas por la película del director Jaen Jacques Annoud en 1.991.
Margarite, tachó la adaptación cinematográfica de inverosímil, blandengue y esteticista. Tal vez su historia, desde los ojos de otro, removieron algo que la obligo a reescribir la novela ese mismo año, para aclarar los recuerdos o ficcionarlos más.

La imagen de la mano infantil, acariciada por dedos expertos, llenos de miedo, pero al mismo tiempo con decisión. Separando las falanges, con anuencia de la púber, para introducirse entre ellas, hasta tomar posesión de la palma de su mano desde atrás, mientras la niña no sólo acepta, sino que lo amarra a su centro; marcan la pauta de lo que la hora cincuenta minutos ofrecerá al espectador.

Jane March, le da vida a la que “a los quince años tenía el rostro del placer y no  conocía el placer” y Tony Leung Kar Fai, al amante de Cholen “perdido en la adolescencia de la niña blanca”. Las escenas de alta tensión sexual, se asemejan a una danza sutil  que no termina ni con el final.
Hay otras actuaciones maravillosas como la Frédérique Meininger como la madre de la joven, Arnaud Giovaninetti como el hermano mayor de la chica, Melvil Poupaud como el sufrido hermano menor y Lisa Faulkner como Hélène Lagonelle, la compañera del pensionado, que pasea su desnudez con absoluta inocencia, la antítesis de la joven amante. 

La voz en off, que narra la historia en la versión de audio original, es nada más y nada menos, que de Jeanne Moreau, la mejor actriz del mundo según Orson Welles y emblema de la sensualidad francesa.

A pesar de la vehemencia cascarrabias de la escritora y su sequito de críticos complacientes, la película fue nominada en cuatro oportunidades: Los premios de la Academia Japonesa, como mejor película extranjera, el Oscar en el renglón de mejor fotografía, de Alemania recibió el Premio Bambi, Jane March como mejor actuación y Gabriel Yared ganó el César por mejor música.

Tanto la novela como la película la pueden encontrar en la red.
Ideal para disfrutarlas en solitario o en compañía, el resultado será el mismo. 







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