BLUE LABEL / ETIQUETA AZUL



San Carlos

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(…)”¿Dónde queda San Carlos?”, pregunté. “En Cojedes, es la capital”. “¿Y qué hay en San Carlos”. ”Nada”, respondió. “¿Y qué hay en Cojedes?”. “Nada”. ”Nunca he ido a Cojedes”. Yo Tampoco”. “¡Qué lugar tan nulo!”, le dije mientras observaba el horizonte montuno. El cabello me golpea la frente. Empezó a sonar la canción “Pledging my Time”. “Es una de esas ciudades fantasmas que, seguramente, tiene un pasado legendario”. “¿Pasado legendario?”. No perdía la absurda costumbre de responderle con preguntas. En nuestro entorno escolar, Luis era algo más que un anormal. Tenía un vocabulario culto; usaba palabras que, aunque familiares, nunca se me hubiera ocurrido pronunciar. Además, sabía cosas: Geografía, Historia, Literatura. Todo aquello que, se supone, debíamos aprender para exámenes desechables él parecía conocerlo y, más extraño aún, lo interpretaba como algo placentero. “El pendejo de Bolívar”, me dijo “¿Qué?”. “Creo que bolívar pasó por San Carlos y se dio unos coñazos. Esa es la gloria de la ciudad”. “no sé, ni idea”. “Bolívar era un sinvergüenza”, continuó. Hablaba solo. Yo no sabía nada de historia; el nombre de Bolívar, por demás me provocaba urticaria. “El bicho paró en San Carlos y volvió mierda a los españoles. Monteverde, que era el duro, huyó a Puerto Cabello; el peo de la Independencia pudo haberse resuelto ese día. Bolívar sólo tenía que atacar el puerto y machacar a ese pendejo. Monteverde estaba acabado, no tenía ejercito, no tenía arma, todo el mundo le botaba el culo. La historia sería distinta si Bolívar hubiera atacado Puerto Cabello pero no… el muy pajúo se fue pa´Caracas; dejó que el enemigo se reuniera, se armara, que le llegaran refuerzos de España, que ficharan el chulo de Boves y ganara territorios sólo porque quería cojerse unos culos, caerse a curda y que le jalaran bolas. ¿Sabes quién es Santiago de Mariño?”. La pregunta trajo a mi memoria fragmentos de vacaciones viejas. “Creo que Santiago Mariño es una calle en Margarita”, respondí aburrida e insegura. “Era, cómo decirlo, el Bolívar de Oriente; era un tipo arrecho allá por los lados de Carúpano, Cumaná, esa mierda; se dio coñazos, jodió a los malos –que seguramente no eran tan malos- y se propuso ir pa´Caracas. Si Mariño hubiera llegado primero a la capital, es probable que fuera él, incluso hoy día, quien ostentara el ridículo título de Libertador. A Bolívar le fueron con el chisme. – Dramatizaba con gestualidad de cuentacuentos, era gracioso-: Mira, Simón que la rata de Santiago quiere irse pa´Caracas y cojerse unos culos, dice que eres un pendejo- pausa, carrasposo-, y el güevon de Bolívar se cagó, se olvidó del enemigo y metió la chola pa´Caracas. Llegó primero, se cogió los culos, se tomó una curda y después lo hicieron llamar Libertador. Mariño llegó unos días después y peló bolas. Por esa razón esa pana sólo quedó para ser una calle en Margarita”(…)

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(...)”¿Por qué sabes esas cosas? ¿Qué clase de bicho raro eres?”, había preguntado en la carretera luego de que expusiera sus consideraciones históricas. “¿Qué cosa?¿De qué hablas?. “¡Eso!: Historia, Bolívar, Mariño, qué importa”. “No sé, supongo que lo leí en mi casa alguna vez en alguna parte”. “¿No te ladilla?”. “No, es divertida. La historia de Venezuela es muy divertida”. “No sé, a mi nunca me gustó la Historia”. “La Historia como la dan en el colegio es una mierda pero créeme que si le entras por tu cuenta es un tripeo. Todos esos héroes eran unos mamarrachos.”(...)


Blue Label /Etiqueta Azul de Eduardo Sánchez Rugeles

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