EL POLVO DE LOS MUERTOS, CITAS

EL POLVO DE LOS MUERTOS

Norberto José Olivar


Sólo por nuestros recuerdos existen los muertos.  Victoria de Stefan

Llevamos a los muertos con nosotros hasta que también morimos, entonces es a nosotros a quien llevan por un tiempo. Luego nuestros portadores caen  a su vez. John Benville

Los rusos blancos que estamos en Venezuela somos anticomunistas y perseguidos por los rojos. Esto lo digo porque la señora Taborsky asevera que en cada ruso hay un enemigo de América, calificándome de comunista. ¡Es falso!, dijo indignado, el declarante. Yo quiero a este país porque me ha dado hospitalidad.

Los espías rojos procura hacer todo lo que esté a su alcance para mezclar a los rusos blancos en actividades políticas. Son lobos disfrazados de corderos.


Al abandonar el cuerpo, el alma regresa del mundo de los espíritus para luego tomar una nueva existencia material, pero tarda tanto que la vagancia se hace insoportable.

¿Qué sentido tiene para la humanidad no poder probar ni siquiera aquello que asumimos como verdadero?

Él era el único portador de sus difuntos, si no los pensaba desaparecían.

Pronunciar sus nombres, hacerlos lenguaje, restituirían su existencia.

El lenguaje es la encarnación.

Presiona lo suficiente cualquier cosa, lo que sea, y el azar se aclarará.

No dio mayores detalles y nunca nadie se los pidió, porque de este lado del mundo si alguien llega escapando del comunismo no necesita de muchas palabras para ser acogido como héroe, aunque fuera un tontarrón calamitoso.

Para conocer a alguien hay que comer con él, o ella, interpretar su masticación, la forma en que corta y engulle los trozos.

No se imagina usted las gentes influyentísimas que se han dedicado a esto, o que buscan los servicios de un médium como si de un dentista se tratara. La gente de aquí no deja ir a sus muertos.

La morbosidad de los hombres no tiene límites.

Detesto llamar la atención. Me gusta ser un hombre sin rostro, invisible, como la película de Arturo de Cordova estrenada en esos días en el Olimpia. Por eso me esforcé, desde que puse los pies en esta tierra, en hablar bien el español, como uno de ustedes, en no diferenciarme mucho. Sí, se que mi físico no ayuda mucho, pero creo que lo logré hasta donde fue posible.

La vida espiritual no es para la persona común.

Para ser libre no se puede llevar una vida normal.

Benditos sean los raros porque heredarán la tierra.

La tramoya es descubierta, pero no recuerdo cómo, Eduardo. ¿Cóño, te fijas lo que sucede cuando no se repasa el pasado!

No habría mejor espía que un faquir.

Los seres humanos dejan huellas porque irradian energías; y como no se destruye, es posible “leer”, en cualquier momento, a quienes han estado en una habitación y hasta lo que haya sucedido.

LA KGB está preparando un batallón de faquires, en mi criterio, amigos, eso es tan peligroso como una bomba atómica.

Los espías tienen que vivir en la oscuridad silenciosos. Ser auténticos  abstemios de la vanidad.

Es factible que una novela sea un ejercicio de espionaje, señor Boscare, pero la imaginación sirva para ver lo que está oculto, sólo que el novelista no tiene ninguna obligación moral, ninguna lealtad que guardar, mientras que el espía debe atender a su filiación.

Los médiums también serían buenos espías.

A la ausencia se puede convertir en un “animal” que lo perseguirá a donde vaya.

Es propio del ser humano rehuir del sufrimiento, pero las vidas de nuestros seres queridos (…) deben continuar en nuestras memorias, en nuestras conversaciones. A veces nombrarlos, más que dolencia, nos enfrenta al miedo a morir, ratifica nuestra finitud y nos resulta insoportable.

No está en nosotros probar que los médiums son deshonestos. Está en ellos probar que son honestos.
Encontrar un médium verdadero, y créame, quien lo fuera, no iba a exhibirse ni a estar dando pruebas a nadie de sus dones. Por el contrario, sería cauteloso e invisible.

El pobre (Houdini) vivía atormentado por el miedo al olvido.

Lo horrorizaba que la gente dejara de pensarlo al salir del teatro, era una deprimente manera de morir.

Dice Juan Madeline que los hombres se vuelven niños ante el dolor y el miedo.

En su corazón lo que más deseaba (Houdini) era afecto sincero, saber que la gente pensaba en él, que lo amaban. De esa manera se protegía de la soledad que era a lo que temía con temblores, ¿un pánico enfermizo!

Cuando el público abandonaba el teatro, Houdini se desmoronaba y experimentaba una constante sensación de ridículo. Su forma de vida, pensaba, era un absurdo, un juego de niños, sobre todo cuando descubría personas insensibles a sus hazañas.

Si el amor no es carne, compañero, es un espejismo.

Las manos nos delatan.

Dicen que el codicioso se el conoce porque en vez de manos tiene garras; al prodigio por llevarlas blandas y flojas; al calculador, por una muñeca firme y robusta; al desesperado, por los temblores que le corren en los dedos.

La forma en tomamos el dinero habla de nuestro temperamento.

Las manos de los croupiers, por ejemplo, son máquinas perfectas, frías, no son susceptibles d e ninguna hermenéutica.

Las manos exponen impúdicamente nuestros secretos.

Si usted me lo permite, querido, puedo mirar su destino (…) no sé si aquello era posible, pero de serlo, es como si un desconocido entrara en casa y leyera nuestro diario.

Si así tratan a sus muertos, qué quedará para los vivos.

Por sus cementerios los conoceréis.

Somos estatuas de lágrimas.

Vamos acumulando los padecimientos de nuestros predecesores.

La dignidad de un pueblo está en sus cementerios.

Todo lo que digamos de los muertos dependerá de cómo veamos la propia muerte.

Hay gente a la que le agrada desaparecer, pero no que se le olvide.

El olvido es humillante, significa que no significas nada.

Las mujeres tienen una gran vanidad: la belleza, pero nada si se compara con la vanidad de la gloria a que los hombres aspiran.

Los hombres pensamos que nuestras galanterías subyugan a las mujeres; cuando la realidad es que ellas nos cazan, inducen nuestras decisiones.

Ninguna afirmación se puede demostrar, ni refutar, dentro de si misma.

Capitalismo y brujería, contubernio interesante.

La sociedad moderna aniquiló el colectivo para crear autismo social.

La locura es como la gravedad: se necesita apenas de un empujón.

¡El amor es para descerebrados! Los intelectuales no pueden darse ese lujo

La mujer es como una flor: se deja tomar, se entrega y casi se enamora.

A las mujeres hay que tratarlas con cuidado, son demasiado cerebrales.

La mujer es puro carácter

De niñas, se les enseña que no nacieron para ser felices, sino que deben merecerlo.

“Salid una noche de sábado y las veréis en las encrucijadas, en el fondo terrible de las cavernas, en los ojos turbios de los miserables: son las brujas modernas que se llaman Ignorancia, Fanatismo y Crueldad, solo que ahora no van en palos de escoba, sino en tranvías y en blasonados coches oficiales.”  Emilio Carrere

Habrá que acostumbrarse a lidiar con esta incertidumbre, en adelante y para siempre, hasta olvidar lo que se ha visto, o se ha creído ver.

Amigas, los entierros me dan unas ganas horrendas de hacer el amor, ¿me acompañan a mi hotel?

Por venganza, señor mío. El verdadero motor de la historia, la justicia más pura de todas, pero que las clases dominantes han distorsionado a través de la religión y la filosofía para ahorrarse sufrimientos y miedos.

La venganza es la única conciliación posible . Kafka

La reprimenda debe ser superior al falta, perdonar no significa exculpar ni olvidar, sino darse por satisfecho con el escarnio aplicado.

La esperanza es el punto más pequeño en nuestro cerebro.

La maldad, señor mío, siempre ha obedecido a una estructura geométrica. Es un círculo donde la muerte es la única solución.

La muerte soluciona cualquier teorema.

Las soluciones carecen de moral.

¿No ha pensado en que la venganza, la muerte, la guerra, es lo que ha creado el mundo que conocemos?

¿Y cómo piensa cobrarse la deuda?
El Asesino tendrá que escoger a uno de sus familiares para compensar   mi pérdida, pero no estoy seguro de darme por satisfecho. Si no, tendré       que volver por otro.
¿No se iguala usted al asesino?
¡Nunca! Nuestros caminos se cruzaron por su traición. La   responsabilidad le corresponde por completo.

El espíritu, o lo espiritual, digamos, es razonamiento y meditación.

Solo el conocimiento, y no el amor, puede reconciliarnos con nosotros mismos.

La verdadera poesía es liberadora y criminal.

Hay que matar a los poetas a tiempo.

Leer, escribir, apartarse (…), es una forma de resistirse.

Yo no soy poeta, tampoco soy estúpido.

No hay más pecado que la estupidez.

Usted puede tener grabadas en su mente todas las fechas importantes de la crónica mundial; relatar las grandes batallas y recitar las fastuosas biografías de todos los héroes de la humanidad; ser capaz de manejar las más intrincadas estadísticas y , aún así, ser un auténtico estúpido. Casi siempre estos caletres disimulan la estupidez. Pero la sabiduría de un hombre puede carecer de muchas de estas informaciones.

El sabio es el que conoce las causas, el estúpido las ignora. Doctor  Feldmann

Ya está comprobado que la estupidez es congénita.

Para sobrevivir tenemos que orientarnos por el instinto y la razón, no los sentimientos, ni los datos, por eso la historia no sirve para nada.

Mucha es la gente que ha muerto son haberse llevado a la tumba una sola idea. Reyes Baena

Dicen que el amor nunca es un derroche, que un solo amor puede salvarlo todo.

Una idea sí que puede salvarnos, ¡una sola!¿pero acaso la hemos tenido?¿si cada ser humano tuviera una idea, ¿dónde estaríamos ahora?
Nos vamos a la tumba en blanco

Consagramos nuestros días a la búsqueda del amor, de la felicidad, cuando nuestro destino es conseguir esa maldita idea, que nunca llega, que nunca vemos por ninguna parte.

La aspiración más egoísta del ser humano es la estupidez. ¿Cómo se puede luchar contra eso?

Los que sí creen (en el amor), lo hacen con el ahínco proselitista y contaminante que anima los grandes espejismo.

Lo más importante de los hombres está en saber lavar el corazón y no en cultivar la cabeza.

¿y quién puede contra las burradas del pueblo?

Dios nos quiere bien lejos de la fatiga de la sabiduría, pero no de la felicidad.

Los extranjeros vienen  a esconderse o a salvarnos.

Ver la muerte es un don que puede resultar aterrador.

El anuncio de la muerte puede ser peor que la muerte misma.

De ser cierto que monseñor posee ese don, debería procurar entender que lo importante no es que sepa quién va a morir, sino que logre conocer qué es, en sí, la muerte. Si lo hace, sería un gran pastor para sus fieles y les enseñaría a morir en paz, conformes, no con la vida que les ha tocado, sino con la muerte misma. Ese es el gran secreto de la vida. Pero el pobre monseñor se paraliza, según me cuenta, así que el don termina siendo un desperdicio.

¡Qué distintos somos de los egipcios!, por decir un caso. La gente pasaba  la vida preparándose para morir. Las grandes mentes de ese pueblo buscaban constantemente alternativas para dar el gran paso al más allá.

Ni siquiera la muerte nos trata igual.

El que tiene dinero lo bautizan; al que no, lo ahogan en la pila.

Hace unos días iban a desahuciar a cinco mil difuntos en el cementerio El Redondo porque no pagaban mantenimiento. Decía la prensa, escandalizada, que si grave era no tener donde caerse muerto, es peor no tener estar tranquilo después de muerto. Vea, y todo por meter a muertos más influyentes que andan por ahí buscando los mejores huecos.

Siempre se ha dicho que la muerte nos iguala.

A veces ni siquiera se es consciente de esa multiplicidad de seres que somos.

La única forma de ser “humano” es conversando.

La humanidad se arraiga en la conversación.

Las palabras que aprendemos configuran nuestro carácter y nuestra carta astral.

Puede que la novela moderna no necesite trama, pero sin diálogo no existe.

La muerte suele ser un obstáculo, casi natural, cuando un hombre intenta alcanzar la justicia por la vía más expedita, pura y noble que es la venganza.

Es privilegio de pocos una justicia en esencia radical y humana.

La venganza es perfecta si hay resistencia y miedo.

La justicia “confuciana” es piadosa, dice que un asesino tiene que ser protegido por su padre.

Escribir es escuchar.  John Wieners

El manual del investigador dice que el detective jamás debe creer en la simplicidad de un crimen. Que debe trabajar, sin descanso para probar que todo el mundo se equivoca.

Resulta que el enemigo termina siendo invisible, no hay a quien cobrarle nada y encima nos está matando.

Basta que me digan que algo es difícil para que me anime más.

Su militancia en la indiferencia radical apenas le permite enunciarlas (sus opiniones), pero de inmediato las abandona, huye de ellas, porque siempre le ha parecido que tener una opinión sobre todo es sospechoso e inadecuado, y hasta una necedad, para no decir que es una categórica verificación de la ignorancia de un individuo.

Los duelos suelen ser tan particulares que la gente termina aceptando lo que sea natural, que, llega su hora, le tocará manifestar sus pesares en estilo propio.

La muerte venía en camino, por que siempre sabemos que viene, que nuestra finitud le da cabida; pero cuando se advierten los signos d ela debacle y el miedo nos anuncia el final, da una perspectiva de la vida muy particular, una delgada línea donde la felicidad verdadera está en la ignorancia y en la fantasía de la niñez.

Los juegos son el auténtico paraíso del que nos expulsa la educación y la maldición del trabajo remunerado.

La espera de la muerte lo cambia todo.

Los afanes se desvanecen y el único refugio  son los recuerdos.

Soy un Voyeur. Me gusta observar a las personas mientras andan en sus ajetreos cotidianos.

Un espía sin red no es nada, es como un poeta que no pueda escribir. Tiene la condición, pero sin forma de registrar sus ideas no hay poesía.

Se es espía para que otros tengan tranquilidad.

No hay empleo que defraude más que el de agente secreto.

No es gran cosa ser espía.

A veces, cuando se los descubre (los espías), suele ser desproporcionada la forma en que se les juzga, y la publicidad es escandalosa.

Los espías, por lo general, terminan enloquecido, ahogados en sus propias fantasías. Aunque, paradójicamente, acaban entendiendo mejor que nadie las oscuridades de las gentes, de los gobiernos y de la política.

La única manera que tiene un espía de mirar con cierta objetividad, es que todo le sea indiferente.

La venganza es un manjar condimentado en el infierno, que hace del más débil una fiera.

Por la muerte de un amigo, se debe guarda tres años de silencio, según la sabiduría del Lejano Oriente.

Si nadie te piensa, desapareces; si estás solo, te evaporas.

Lamentablemente no tenía creencias que lo protegieran del caos.

¿Acaso llegaría a ser como los ángeles que no sabían si andaban entre vivos o muertos?

Ojalá apareciera alguien que le dijera qué hacer, así no tendría que pensar.

A veces una piedra puede decir más que una cabeza.


¿Porqué lo decapitaron?          
Es la muerte más piadosa que se conoce. Por eso los nobles fueron llevado  al guillotina, se trataba de aligerarles el dolor.

Era impaciente, infantil, cosas muy raras en un investigador de homicidios, más comunes en un fanático religioso o político, pero no en un hombre que debería ser, por obligación profesional.

El miedo mueve a la gente

Nada ni nadie está por encima de la ley, ni siquiera quienes la hacen cumplir.

El problema de esta ciudad es que el orden está por encima de la ley. Eso explica toda esta violencia soterrada.

Alguien tenía que lidiar con la inmundicia para salvaguardar a los demás, para que otros pudieran dormir en paz.

El patriotismo, se lo digo con sinceridad, es una forma de legitimarse los matones.

Los patrioteros creen que su país es superior a todos los demás.

Otros piensan que el patriotismo es una especie de religión y hasta lo comparan con una plaga de garrapatas.

Solo los ojos de un gato pueden mirar en la oscuridad del corazón.

Una carta era, para él, la evidencia contundente del terror a la soledad y al abandono.

Se sentaba en las bancas de mármol de los mausoleos, o sobre las mismas tumbas, y les contaba cualquier cosa. Algunas veces les leía el Panorama y cuando el cementerio iba quedando solitario, se acercaba a la tumba de Otilia, su querida y amada esposita. La soñaba, le recitaba poemas, sonetos interminables, incluso llegó a cantarle alguna vez. Luego se masturbaba con rabia, sin dejar de llorar, ahogado en pucheros, y se vaciaba sobre ella jurándole absoluta y férrea fidelidad conyugal.

Solo escribir me devuelve cierta calma, o pensar en la muerte como una posibilidad de seguirte, pero no sé qué me detiene, qué me paraliza.

Porque ante nuestra imposibilidad de ver o escuchar al otro, nos damos a imaginarlo.

La imaginación necesita elementos reales para poder desplegarse a sua anchas.

La imaginación no es más que la certeza de lo que no se ve.

Constituye un pecado todo cuanto un hombre haga contra su conciencia.

La conciencia de un hombre y su juicio son la misma cosa; pero la conciencia, como el juicio, puede ser errada, porque no tiene más guía que su propia razón. No sucede así con quien vive en una república, porque la ley es la conciencia por la cual ha aceptado guiarse. Caso contrario, dada la diversidad de conciencias, que no son sino opiniones privadas, la república se distrae y ningún hombre se atreverá a obedecer al poder soberano más allá de lo que parezca bueno a sus propios ojos.

El olvido parecía ganar terreno, o al menos algo peor que el olvido: la cobardía. ¿Su prudencia estaba degenerando en eso?,¿ahora era un vicioso de la felicidad? Hacía tiempo que había dejado de creer en tantas estupideces, sabía que lo bueno y lo malo no estaban separados, ¡ya quisiera que fuera así de sencillo! Había logrado superar la ficción en la que estaba inmerso cuando llegó, y con ello se había salvado de la locura de su propio país. ¿Cómo se había enredado en este jueguito de héroes y villanos? Maldito Leviatán, pensó furioso al pasarle Hobbes por la cabeza. Y a la cola, como imágenes de un daguerrotipo, sus días de universidad, de sesudas discusiones políticas, de reuniones clandestinas, de utopías, ¿qué demonios le estaba pasando?, ¿en qué se estaba convirtiendo?

Los rojos la mataron por negarse a seguir trabajando en la fabrica. La llamaron traidora, contrarrevolucionaria y simularon un enfrentamiento, una vulgar estratagema

Es un hombre educado, camuflado de plomero para no levantar sospechas, que ha renunciado al pensamiento por hastío y pereza.

Sus pisadas nunca tuvieron la firmeza con que pisan los nativos de esta playa, aunque lo aceptaron; aunque olvidaron, incluso, de dónde venía, la sensación de extranjería es una marca de Caín a la que debió acostumbrase.

Haga como yo, observe y calle, no se meta en problemas, no proclame sus principios, y recuerde que la dignidad es una de las primeras estupideces que se nos enseña.

El hombre boya(…), siempre está en transición, pescando algo que falta. Así es como desarrolla una de sus grandes cualidades: su amor irrestricto por lo ajeno. Si usted hace esto, le aseguro que el día de su muerte – que es inevitable aún siendo un hombre boya- lo cargarán en hombros hasta el cementerio. Se darán de mojicones para cargar su ilustre carroña y hablarán maravillas en las elegías, que serán muchas.

De mozo sentí que todo lo que me habían enseñado era falso, medias verdades, medias mentiras. Pero lo más importante no era saber qué cosa era cierta o no, ¡ese es el error! Lo importante es saber por qué enseñan eso…y la respuesta es tan sencilla que da miedo: porque no puedes ser libre, no hay nada más peligros que la libertad.

¡Daño hacen los malos amores, no los rencores!

Las venganzas rebosantes de pasión son buenas para el cine y los libros, no en la vida real.

El hombre que huye del miedo no le ocurre nada, solo que no aprende nunca.

¿Debemos viajar en dirección a nuestros temores? Puede que sí.

¿Y quién no ha experimentado horror ante la risa de un difunto? Poe

Si el pensamiento es lenguaje, la vida también.

La muerte es un buen remedio para la vanidad. Plutarco.

Sabemos que siempre queda algún rastro almacenado, en archivos, en la memoria de alguien, pero sin la conciencia del poder resucitador del lenguaje, estamos condenados al más severo olvido. Ni siquiera se trata de acicalar con esmero la escena final de nuestro drama, sino del resguardo de algún episodio que pueda salvarnos.

¿Cuántas veces nos damos a la tarea de revivir a nuestros muertos?

Es que ene este país los confidentes del gobierno se delatan solitos.

Si quieres conquistar a una chica, con decirle que eres agente secreto te basta.

Eso de que se es espía para que los demás duerman bien es un tremendo fraude.

He sabido de espías que han enloquecido creyéndose el cuento de buenos y malos.

Alguien que vigila es vigilado también, y esto no debe preocuparle para nada.

Todos somos espías, que es un asunto inherente a la condición humana, desde los impúberes hasta los vejetes.

Quisiéramos poder ver a la gente en sus encierros, y que ellos también pudieran vernos.

Necesitamos ver y ser vistos.


El celoso quisiera saber qué hace su amada en soledad. Ella quisiera que él viera cómo le ama ella en soledad. Otros quisieran que les vieran amarse, o mirarse ellos mientras se aman.

Te sorprenderías, camarada, de lo que se aprende observando a la gente y dejándote observar. En el fondo queremos saber que tanto se parece a nosotros.

Ahora los espías son profesores universitarios, reverendos, periodistas, poetas, ya no contratan plomeros, ni obreros. ¿Será que somos seres de pensamientos limitados?

Ni el talento, ni la habilidad, ni el trabajo puede nada contra su suerte negra, ¡Lágrimas para los predilectos y vino de Chipre y ambrosía para los hijos de la fortuna!
A nosotros no nos está matando la vejez, sino la vulgaridad de los días que corren. La vulgaridad de la gente, la vulgaridad de los gobiernos. Es la rutina total lo que se nos viene encima.

La mujer, solo el diablo sabe lo que es. Yo no lo sé en absoluto.
A la vida hay que entrarle sin miedo.

Si vida, pensaba rabioso, era como ir al cine a ver una película sin título ni créditos al final.

Vivimos y morimos en el más absoluto desconocimiento de lo que nos rodea. Y la felicidad es inversamente proporcional a esa ignorancia.

Nada tiene sentido por sí solo. Todo sentido es impuesto.  Dos cosas me llenan de horror: el verdugo que hay en mí y el hacha que hay sobre mí cabeza.

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