CARTA EN LA LLUVIA




28/05/15
4:07 PM

Llueve, el cielo está oscuro, a pesar que es de día, el cielo está oscuro. Escucho el concierto de piano Nº 02 de Rachmaninov. Miro por la venta, las ramas de los Chaguáramos se baten con la brisa. El repiqueteo de las delgaditas gotas, que se estrellan contra el toldo de zinc, acompañan los acordes del piano. Prendo mi computadora y te encuentro allí, mirándome sin percibirme. Tengo docenas de correos por contestar, decenas de cuartillas para escribir, pero me quedo mirando tu rostro. En treinta años conservas la misma mirada, no sé si con más o menos brillo. Quiero imaginar, que con un dejo de tristeza, porque me extrañas. Que ese suéter a rayas te aprietan el corazón, para mantenerlo en su sitio, por los que están ahora en tu vida. La barba incipiente te queda tan bien, como el esbozo de bigote, que tenías cuando te vi por primera vez. Bajo tus ojos y en el contorno de la boca, hay unas líneas que no mienten, me avisan de una sonrisa sosegada, de unos años largos y una tranquilidad soñada; pero yo quiero imaginarme que me estas mirando y esas marcas son la paciencia para verme regresar. Tras de ti, están esos módulos de trabajo, cuadritos, donde guardas tus ganas, donde desahogas tu ingenio, donde me olvidas tecleando, donde desmenuzas tres décadas en las que escribiste tu propia historia y no estaba yo.

Yo sólo quería ir más rápido, más cerca, más frecuente, menos lejos. Quería más emoción, menos respeto. Lo sé, era una locura, no era el tiempo y sin embargo escuché una voz que ahora no tiene cara, ni recuerdo quién era, posiblemente un demonio en la boca de una compañera de colegio, clavando la espina, diciéndome que no entendía como podía tener un novio tan lejos, que no estuviera en nuestra escuela o al menos que fuera un vecino, para verlo y estar siempre a su lado. Mordí el anzuelo y el veneno se clavó en la encía y luego mi lengua, que en lugar de tocar la tuya, simplemente te picó y te paso la ansiedad que ya había crecido en mi interior. Para ti, era que me quedara; para mí, que no me dejaras, pero no lo hiciste, no me retuviste, no sabías lo que yo quería en realidad.
Al principio, te miraba con ternura, la soberbia de quien se sabe amado, luego con los años sentí ego, al saberme recordada en el nombre de otra, luego sentí curiosidad por tu nueva vida y te visité. La primera vez te busqué, pero no estabas, era muy pronto o ya no había razón. Tal vez nunca supiste que te fui a buscar, con la responsabilidad en los brazos, pero con el corazón intacto. Después de un café y una larga conversación con tus afectos, me fui.
Pasaron los años y volví a buscarte, pero tenías a otra del brazo, yo también estaba acompañada. Quería mostrarte que me iba bien, cuando en realidad soñaba contigo. Quería saber si el corazón aun latía por ti. Y sí, latía, pero me fui como la primera vez, convencida que era la correcto, que yo ya no estaba en tu vida.  

Entonces un día te fuiste y estando muy, muy lejos me llamaste. Hiciste justo, lo que había esperado hacia tanto tiempo atrás, me buscaste y me emocioné, me asusté, dudé y me encontré ante un terrible juicio, yo no tenía ningún derecho y tú tampoco, ante los que ahora están contigo. Así que frente a tu pregunta, mi mejor respuesta fue dar un paso atrás y dejarte ir nuevamente. Ni tú ni yo, nos conocíamos en realidad, ya no teníamos historias en común y lo más importante, no te hubiera podido admirar si abandonabas el respeto, la solidaridad y el sacrificio que te había sido otorgado. Quiero creer que fue el recuerdo el que te lanzó a mi encuentro y no la excusa del miedo ante la posibilidad de una nueva vida. En esta oportunidad te dejé ir yo, si es que alguna vez te tuve.

Ahora te veo sin decirte, siento que te disuelves en el nombre familiar, que cada día te pierdes entre los demás, estás disfrutando lo que te corresponde, pero quiero creer que hay un dejo de tristeza en tu mirada, quiero creer que me piensas, que extrañas lo que no conoces de mí, así como en mis sueños invento historias contigo.

En la pared rojas, de tras de ti, pareciera que hay un gran ventanal por el que entra la luz clara y brillante del día. Parece que hace un sol radiante, parece que el día está calmado y muy alegre. Parece que esos mechones medio alborotados, los revolvió una diminuta mano, que ahora te guía a borrar tu nombre y desapareces entre los demás, a los que le brindaste tu apellido.   

Mi ego, me arrastra al terreno de la imaginación con mucha facilidad, me hace pintar el escenario tan conveniente, para sentir melancolía, pero sin estar caída.  Para arrepentirme, para culparte, para ver nostalgia en unos ojos que no están triste. Para imaginar que viviré en un recuerdo eterno, en una memoria, que tal vez, ya me ha dejado atrás. Para ver tu imagen y creer que me estás mirando de vuelta, cuando sé que no es cierto.


Yo pensaba que los Hombres G, me causaban añoranza, pero  he descubierto que la lluvia y Rachmaninov, ese  Chaguáramos que se bate ante mi ventana y el sonido de gotas en el toldo de zinc, son cable directo a una encrucijada, una pregunta ¿y si no hubiera prestado atención a esa voz sin rostro? 
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