EL CARRETE DE HILO Y LAS BOLAS CHINAS




Cuentan, que en la antigüedad, en el Oriente, se instruía a hombres y mujeres, en las artes amatorias desde muy temprana edad. 

Ser geisha, querida, meretriz, concubina, cortesana, sacerdotisa y afines, no era una cuestión de haber caído en desgracia y tener que dejarse penetrar para poder comprar una hogaza de pan luego. Por el contrario era una cuestión de mucha preparación en diversas materias, cargada de misticismo. 


El Kama Sutra es una muestra del tratamiento que se le daba a la sexualidad en la antigüedad. No se trata solamente de mostrar posturas para el coito, sino que habla sobre la compatibilidad física y emocional, sobre los deberes en el matrimonio, sobre el placer y las responsabilidades en relación al mismo. 


El Tao, es otra muestra de la relevancia de la sexualidad como sabiduría milenaria. Lao Tsé, recogió en su libro el Tao Te Ching, el principio filosófico del cual surgen los "Diez Mil Seres" (toda creación). Los chinos plantean el manejo cosciente de la energía sexual y emocional, para unirse al Tao (el camino) con la divinidad.


El Tantra, es una corriente del Hinduismo, que enseña el uso del deseo como sendero a la realización personal. 


Con el paso del tiempo, la expansión de la cultura occidental, el apogeo de la religión Judeocristiana y su manejo de la culpa y el pecado sobre el coito sin fines reproductivos; desapreció la espiritualidad del sexo y quedó solo lo físico, que por razones obvia es necesaria para que exista la población en el mundo, pero que se ha tratado de reprimir de formas inimaginables. 


A pesar del mal causado a esta función humana, tan vital como comer, respirar y otras; siempre habrá quien se resista al tabú y se pongan en contacto con el placer  físico de forma sana y tal vez llegué a conseguir la sabiduría de la parte espiritual. 


Como el ser humano es cuerpo mente y espíritu; y hay que ejercitar cada una de sus partes para la evolución. Comencemos con el cuerpo, para acceder luego a la sabiduría de la sexualidad sagrada en su totalidad. 


Un poquito de anatomía primero



"El piso pélvico es una estructura de músculos, y tejido conectivo que entrega soporte y estructuras de suspensión a los órganos pélvicos y abdominales. Su principal componente es el músculo elevador del ano, un músculo que cubre la mayor parte de la pelvis. Los órganos pélvicos pueden dividirse en 3 compartimentos: anterior (vejiga y uretra), medio (útero y vagina, próstata y vesículas seminales) y posterior (recto, conducto anal y aparato esfinteriano). Estas estructuras se encuentran en íntima relación con la musculatura del piso pélvico, el cual tiene participación en las funciones de cada uno de éstos. Determinando no sólo un soporte mecánico sino además participando en la continencia urinaria y fecal." (1)
 (1) Dra. Katya Carrillo G. (1, 2), Dra. Antonella Sanguineti M. 
Hospital Clínico de la Universidad de Chile.
Magister Ciencias Médicas mención Morfología, Facultad de Medicina, Universidad de Chile..

Entonces la buena forma del piso pélvico es necesaria para varios órganos, entre los cuales están los sexuales. En el antiguo oriente se le enseñaba a las niñas a contraer y distender los músculos vaginales, de tal forma que al introducir un carrete de hilo en su vagina, fueran capaces de girarlo hasta desenrollar el hilo. Esto se logra usando el músculo PC o Pubococcígeo, que en el caso de las mujeres sirve para atrapar y soltar el pene y en los hombre sirve para controlar la erección. 

Hoy en día, no es necesario un carrete de hilo (aún que sería una experiencia interesante) en su lugar los sexólogos, ginecólogos, urólogos y proctólogos, recomienda el uso de la Bolas Chinas (del mismo sitio de donde viene el carrete de hilo) para fortalecer el suelo pélvico. Así además de salud física la gratificación sexual se incrementa.  

Tomo este mini manual de la sexóloga Marta Ibáñez, publicado en Centradaenti, sobre el uso de la Bolas Chinas. 


¿Has considerado las ventajas y te atreves con ellas? Vamos a aclarar algunos puntos a la hora de utilizar las bolas chinas. Os recomendamos que elijáis correctamente a la hora de comprarlas. Te damos las claves aquí. ¡Ojo! que tienen que ser de un material no poroso y estar pensadas para fortalecer el suelo pélvico:

¿Cómo se usan? Comenzaremos con una única bola más grande y más sencilla de sostener por nuestra (probablemente más débil de lo que pensamos) musculatura. Después dos unidas, que pesan más,  y, en la última fase, ya para expertas, consta de unas bolitas muy estrechas y pesadas. La buena noticia es que la musculatura pélvica es muy “agradecida” y podremos pasar a lo largo de las fases muy rápidamente.

Antes del primer uso es importante esterilizarlas metiéndolas unos diez minutos en agua hirviendo, esto también es recomendable hacerlo de vez en cuando. Siempre las lavaremos con agua y jabón neutro antes de introducirlas en la vagina y cuidaremos de que nuestras manos también estén limpias. A la hora de guardarlas, una bolsa de tela es ideal, algo que pueda aislarlas de la posible suciedad exterior.

La forma de utilizar nuestras bolas chinas es muy sencilla. Colocaremos un poco de lubricante en la punta de la primera bola y las introduciremos en la vagina en la postura que nos sea más cómoda, las dos bolas deben quedar detrás del músculo. Os parecerán muy grandes cuando las veáis, pero se introducen sin ningún problema. Al ponernos de pie la gravedad hará su trabajo y las bolas tenderán a caer. Nosotras contraeremos el músculo de forma inconsciente para evitarlo y de esta manera ya estamos “haciendo pesas” con nuestro suelo pélvico.

Si no podemos con ellas sí que podemos hacer ejercicio tumbadas. En la cama boca arriba tiraremos con una mano del cordel de extracción y con nuestra musculatura trataremos de impedir que se salgan. Es una especie de pulso con nosotras mismas que nos ayudará a fortalecer el músculo hasta que puedan sostenerse sin problemas.

¿Cuánto tiempo debo usarlas? Es recomendable utilizarlas de forma progresiva, comenzar caminando con ellas durante 15 minutos las dos primeras semanas y luego pasar a 30 minutos. Si al pasar de un tiempo a otro notamos molestias al día siguiente (agujetas) estaremos un par de días sin utilizar las bolas y luego volveremos al tiempo anterior durante otra semana.

Frecuencia: Podemos utilizarlas todos o casi todos los días durante 3 ó 4 meses y luego ya no las necesitaremos en mucho tiempo. Eso sí, si seguimos con nuestros ejercicios de suelo pélvico habituales.

Bien, no sé ustedes pero yo voy por la mías.  


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