LO QUE TENÍA GERMAINE ENTRE LAS PIERNAS



Regresé a Miller, esta vez con Trópico de Cáncer. Mientras disfrutaba estas líneas, me dio por pensar, con cierta nostalgia y algo de pena propia, si alguna vez en este momento, algún escritor podrá emular estos pequeños párrafos. Más allá ¿podrá algún hombre, de esta generación, decir que fue atrapado por estos folículos pilosos? ¿Después de un grandioso orgasmo por sexo oral, alguién se quitará la evidencia de sus labios? 

Dejo a Miller y sus apreciaciones sobre Germaine y sus partes, en Trópico de Cáncer




Y de nuevo esa gran mata suya floreció e hizo otra magia de las suyas. Empezó a tener una existencia independiente... también para mí. Estaba Germaine y estaba aquella mata suya. Me gustaban por separado, y juntas también. Como digo, Germaine era diferente.









«Pues ¡claro! ¡Claro que estoy enamorado de ella! Y, lo que es más: ¡Voy a serle fiel!» Era mentira, naturalmente, pues me resultaba más difícil imaginarme amando a Germaine que amando a una araña; y si fui fiel, no fue a Germaine, sino a aquella mata que llevaba entre las piernas. Siempre que miraba a otra mujer, pensaba inmediatamente en Germaine, en aquella mata ardiente que había dejado grabada en mi mente y que parecía imperecedera.








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